Con todo, si bien el desempeño de 2025 fue mejor al esperado, no es precisamente un año de alto crecimiento, persistiendo desafíos relevantes. Entre ellos, un mercado laboral que continúa mostrando tasas de desempleo por sobre sus niveles históricos y un frente fiscal tensionado por el incumplimiento de las metas comprometidas.
Termina el año 2025 y la economía chilena terminó mostrando un desempeño algo mejor al esperado. A fines de 2024 y comienzos de 2025, las estimaciones del Banco Central apuntaban a un crecimiento del PIB en torno a 2,0%–2,3%. Sin embargo, gracias a una combinación de factores externos e internos, hoy se espera que la economía crezca cerca de 2,4% este año. Esta cifra, aunque moderada, supera las estimaciones iniciales. ¿Qué fue lo que pasó, entonces?
A comienzos de 2025, el anuncio arancelario de Estados Unidos causó un fuerte shock de incertidumbre a nivel mundial. El temor a una escalada proteccionista llevó a revisar a la baja las proyecciones de crecimiento global y a anticipar un deterioro de las condiciones financieras internacionales.
Con el paso de los meses, sin embargo, los aranceles aplicados estuvieron muy por debajo de lo anunciado, la economía mundial mostró mayor resiliencia de lo que se temía y las condiciones financieras mejoraron respecto a lo anticipado a inicios de año. Esto se refleja, por ejemplo, en las proyecciones del FMI, que corrigió al alza su pronóstico de crecimiento mundial para 2025, con mejoras importantes para nuestros principales socios comerciales.
En el plano interno, la economía chilena tuvo un mejor desempeño. La inversión mostró mayor dinamismo, especialmente en maquinaria y, equipos, con un crecimiento de 22,4% en el último trimestre, impulsada principalmente por proyectos mineros y energéticos.
Asimismo, el consumo privado presentó una marcada tendencia al alza en el presente año. De hecho, la previsión de crecimiento anual del consumo pasó de cerca de 2% en marzo a un 2,5% hacia fines de año, con un crecimiento de un 10% en el último trimestre. Esto, apoyado por la tendencia al alza que ha tenido la confianza de los consumidores, generando un círculo virtuoso.
A ello se suma un mayor precio del cobre, que ha favorecido los términos de intercambio del país y ha entregado un impulso adicional a la actividad. Esto ha ayudado al fortalecimiento del peso, llegando a los $900 en la última sesión de 2025.
Este mejor entorno económico, tanto global como local, sumado a la apreciación del tipo de cambio real, ha tenido un efecto relevante sobre la inflación, que ha disminuido con más rapidez de lo presupuestado. Se espera que la inflación converja a la meta de 3% durante el primer trimestre de 2026, lo que ha permitido al Banco Central avanzar en la reducción de la Tasa de Política Monetaria, que se ubica en torno a 4,5%.
Con todo, si bien el desempeño de 2025 fue mejor al esperado, no es precisamente un año de alto crecimiento, persistiendo desafíos relevantes. Entre ellos, un mercado laboral que continúa mostrando tasas de desempleo por sobre sus niveles históricos y un frente fiscal tensionado por el incumplimiento de las metas comprometidas.
No obstante, las mejoras en este 2025 han cambiado el ánimo económico y dejan a la economía chilena mejor posicionada para enfrentar el inicio de 2026, no desde la euforia, pero sí desde una base algo más sólida que la que se anticipaba hace un año.



