Puntos de Referencia | N°426, marzo 2016

El nuevo paciente: desafíos para el sistema de salud

El sistema de salud debe ajustarse al nuevo perfil de paciente —población más envejecida y con una mayor carga de enfermedades crónicas—. En este trabajo se entregan algunos antecedentes relevantes que pueden aportar a dicho proceso.
El 50% de los hogares chilenos está integrado por al menos un adulto mayor, quienes, en su gran mayoría (80%) viven acompañados. Este grupo etario se compone más por mujeres que por hombres, lo que afecta al sistema de salud, en cuanto ellas presentan probabilidades mucho más altas de usar las consultas. Sin embargo, los hombres reportan una mayor probabilidad de hospitalizarse (11% frente a 9%) y sus estadías son levemente más largas, lo que podría atribuirse a un menor cuidado en edades previas.
En comparación con los menores de 60 años, las personas de la tercera edad son entre 4,2 y 7 veces más propensos a reportar alguna condición crónica y más del triple señala tener alguna dificultad de la vida diaria. Ello constituye una barrera de acceso a la salud para los adultos mayores, puesto que, por ejemplo, 71% de quienes dicen tener dificultades señalan tener también problemas para llegar a la consulta, en contraste con 9% entre quienes declaran no tener limitantes.
En general, los adultos mayores usan más los servicios médicos que el resto de la población. Si bien en las últimas dos décadas ha aumentado la probabilidad de tener una consulta para toda la población, este incremento para los adultos mayores ha sido superior en el caso de las urgencias y hospitalizaciones —y menor en las consultas generales y de especialidad—. Ello podría responder a un empeoramiento en el manejo de las enfermedades; a un cambio en el perfil epidemiológico y a mayores restricciones (físicas, mentales, económicas y del seguro de salud) que entorpecen el acceso oportuno a especialistas y consultas generales para este grupo. Es fundamental entender las causas y abordarlas.
En la tercera edad quienes pertenecen al Fonasa utilizan más las consultas generales, pero sobre todo las urgencias. Ello se da especialmente en los grupos A y B del Fonasa (que concentra a 78% de los adultos mayores), quienes enfrentan más restricciones (financieras y del seguro estatal) para usar el resto de las prestaciones, por lo que canalizarían su demanda mediante las urgencias.
En conclusión, los adultos mayores usan más el sistema de salud, están adscritos en mayor proporción al Fonasa (grupos A y B), son más pobres, más enfermos y tienen más limitaciones que los menores de 60 años. Ello parece afectar su acceso oportuno a las prestaciones médicas, derivando en un mayor uso de las urgencias y hospitalizaciones. Por ello, la atención de los adultos mayores debe adaptarse, considerando mecanismos alternativos y complementarios que la hagan más accesible, como la asistencia remota o a domicilio. Asimismo, se deben mejorar los sistemas de contacto con la tercera edad para otorgarles atención oportuna y evitar el abandono de tratamientos, así como también eliminar las barreras de acceso. En el largo plazo, el sistema de salud debiera buscar intervenir en los demás determinantes de la salud, es decir, prevenir mediante un mejor cuidado de la salud (más chequeos preventivos, mejores hábitos).

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Carolina Velasco O.

Carolina Velasco O.

Áreas de Investigación: salud.

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Josefa Henríquez

Josefa Henríquez

Áreas de Investigación: salud, envejecimiento y pensiones

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