«Entretenerse solos o realizar actividades por su cuenta sin angustia es cada vez más difícil para jóvenes que se han acostumbrado a depender de una estimulación constante, conectados en línea con otros que no necesariamente son compañías significativas.»
Publicada en Diarios Regionales.
La experiencia de la soledad en la adolescencia se ha tendido a patologizar y se
identifica frecuentemente como un síntoma de enfermedades de salud mental. Sin
embargo, esta mirada clínica olvida algo esencial: la capacidad de estar a solas no
es únicamente un déficit o un problema que resolver, sino una habilidad vital para
la madurez psicológica.
La encuesta de Juventud y Bienestar 2024 realizada por el Servicio Nacional para
la Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas y Alcohol (SENDA)
muestra un cuadro complejo: un 62,7% de los adolescentes chilenos pasan al
menos tres horas diarias conectados a redes sociales, al mismo tiempo que caen
sus índices de salud mental.
Un 19% reporta problemas para dormir, un 18% dice que no tiene interés en hacer
cosas, un 15% afirma tener energía baja y un 15% se siente triste o decaído. En
un escenario de sobreestimulación constante, llama la atención que casi un tercio
de los entrevistados reporte haberse sentido solo “más de la mitad de los días” o
“casi todos los días”. De hecho, la literatura indica que las posibles explicaciones
del aumento de la soledad incluyen un aumento en el consumo de redes sociales
y una disminución de los contactos cara a cara con el grupo de pares.
El problema es que los cuestionarios sobre soledad para adolescentes no
capturan la amplitud de esta experiencia y se ocupan únicamente de su lado
negativo. Explorar este fenómeno en profundidad requiere aproximaciones
cualitativas que describan las distintas maneras en que los jóvenes significan la
soledad y permitan profundizar en las implicancias que tiene para ellos vivirlo
positivamente. Ya en los años sesenta, el psiquiatra inglés Donald Woods
Winnicott identificó la capacidad de estar solo como un logro fundamental del
desarrollo y la consideró un bien preciado.
Las habilidades para la soledad activa permiten a los adolescentes no sentirse
abandonados cuando están consigo mismos, y aprovechar este espacio para la
autorreflexión, el desarrollo de la personalidad y la creatividad.
Entretenerse solos o realizar actividades por su cuenta sin angustia es cada vez
más difícil para jóvenes que se han acostumbrado a depender de una estimulación
constante, conectados en línea con otros que no necesariamente son compañías
significativas. Y, sin embargo, la soledad es fundamental para el procesamiento de
cambios corporales, la exploración de gustos personales y la clarificación de
valores sin la presión o el juicio del grupo de pares.
La soledad asociada a patologías es sólo una cara de esta vivencia. Es
fundamental distinguir la soledad provocada por la falta de afecto y cuidado, de
aquella que tiene un enorme potencial para el bienestar. Por supuesto que
debemos ocuparnos de la primera a través de acompañamiento familiar y escolar,
pero también urge promover situaciones para que los adolescentes gusten de
estar con ellos mismos y crezcan en autonomía y responsabilidad.



