Opinión | Diario Finaciero, 20 de septiembre de 2018

Esa necesaria libertad

Chile alcanzó el peak de libertad económica el año 2013, con 79 puntos. Desde ese año sólo hemos bajado: 78.7 en 2014, 78.5 en 2015, 77.7 en 2016), 76.5 en 2017, y 75.2 para este año 2018. Algo nos está pasando.

El veleidoso concepto de libertad, principio y fundamento del liberalismo y del republicanismo clásico, encuentra una de sus vertientes visibles y manifiestas en la libertad económica. La relación entre ésta y el progreso, entendido este último en su sentido más amplio, es innegable. Pero no debemos olvidar que es una condición necesaria, aunque no suficiente.

Es evidente que otras variables no tan tangibles ni cuantificables también contribuyen al progreso. En suma, no podemos explicar todas las bondades del progreso sólo en función de la libertad económica. Los fenómenos que esculpen y delinean los contornos de nuestra sociedad no sólo son económicos, sino también políticos y culturales. Pero nada de lo anterior exime a la libertad económica de su rol necesario como condición para el progreso.

Y la razón es tan simple como profunda. Inmersos en la economía neoclásica, los economistas han puesto el foco en la utilidad, olvidando la verdadera fuente de esta joven disciplina. En sus orígenes, la economía política no contaba con las herramientas del cálculo diferencial e integral. Es más, antes de que existieran las Facultades de “ciencias” económicas, la economía solía enseñarse en las Facultades de Derecho. En este proceso, lo que ganó en términos de rigor y pretensión científica, la distanció de sus orígenes. Y en este sueño de ser una ciencia, de paso casi olvidó que existe el intercambio.

Esta es la clave para entender la importancia de la economía. No en vano Adam Smith, su indiscutido padre, nos hablaba de ese principio o causa primera, que es el intercambio. Y a esta propensión del hombre le agregaba dos adjetivos: fair and deliberate. El intercambio debe ser deliberado, esto es, pensado. Pero también fair, esto es, justo, honesto e informado. El fundamento moral de la libertad económica se encuentra en la palabra anglosajona fair.

Después de esta breve reflexión, vamos a nuestra situación concreta. Hay muchos indicadores que intentan medir la libertad económica, pero el índice que elaboran en conjunto The Heritage Foundation y The Wall Street Journal es el más autorizado por su metodología, consistencia y trazabilidad. Este índice considera cuatro pilares: el rule of law (o imperio del derecho), el tamaño del Estado, la eficiencia regulatoria y la apertura del mercado. La máxima libertad se alcanzaría con 100 puntos, en una escala de 0 a 100. En el ranking de 2018, Chile aparece en el lugar 20, con 75.2 puntos. En términos económicos, somos un país “mayormente libre”. Y somos los únicos representantes de Latinoamérica en este destacado grupo.

Ahora bien, veamos la evolución. Chile alcanzó el peak de libertad económica el año 2013, con 79 puntos. Desde ese año sólo hemos bajado: 78.7 en 2014, 78.5 en 2015, 77.7 en 2016), 76.5 en 2017, y 75.2 para este año 2018. Algo nos está pasando. Aunque fuimos un modelo en términos de políticas públicas, debemos reconocer que ya no somos los jaguares del vecindario. Es evidente que nos sentamos en los laureles y que hay muchas tareas pendientes para recuperar esa libertad económica tan importante y necesaria para el progreso.

Este gobierno está comprometido con esa tarea y ha dado pasos importantes en esta dirección. Modernizar nuestro Estado y traerlo al siglo XXI, acercándolo a los ciudadanos, es un desafío de largo aliento que está avanzando. Perseverar en esta meta de largo plazo es fundamental para recuperar la libertad económica que promueve el progreso. Y para ello es necesario recordar que el Estado es de todos los chilenos, para todos los chilenos. Chile ya está maduro para emprender este gran desafío.

Leonidas Montes L.

Leonidas Montes L.

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