(…) el Servicio de Protección debe incorporar en su gestión indicadores de bienestar reportados periódicamente por los propios NNA. Esta evidencia vuelve urgente la búsqueda de mecanismos concretos para mejorar sus condiciones de vida, con especial foco en quienes egresarán del sistema y necesitarán redes y capacidades sólidas para transitar hacia la vida adulta en mejores condiciones.
El Servicio Nacional de Protección Especializada a la Niñez y Adolescencia (más conocido como Mejor Niñez), en conjunto con la Universidad del Desarrollo, dio a conocer recientemente la primera Encuesta Nacional de Bienestar Subjetivo de Niños, Niñas y Adolescentes.
Este estudio recoge la voz de 1.477 niños, niñas y adolescentes (NNA) sobre su bienestar subjetivo con perspectiva multidimensional y se enfoca en tres programas: Intervenciones Ambulatorias, Familia de Acogida y Cuidado Alternativo Residencial. En estos dos últimos, los menores han sido separados de sus familias biológicas al enfrentar mayores niveles de vulneración de derechos.
Los resultados muestran que, a nivel general, los NNA reportan un nivel medio de satisfacción con la vida, con un promedio de 7,6 en una escala de 0 a 10. Sin embargo, un preocupante 16,8% se ubica en un nivel muy bajo (inferior a 5,0).
El índice de bienestar personal se sitúa en 7,9 con un 8% de NNA en nivel muy bajo. Al analizar distintos ámbitos, la mayor satisfacción se da en la experiencia en los programas (8,7), seguido por el ítem dinero y posesiones (8,4). Las evaluaciones más deficientes corresponden a su barrio/comunidad (7,9) y la vida en el colegio (7,6).
Las cifras revelan una realidad crítica en las residencias, la última alternativa para los casos de máxima gravedad. Allí, los niveles de satisfacción con la vida caen a un 6,2. Además, declaran un mayor sentimiento de soledad, el cual se agudiza en mujeres y en el grupo de 16 a 18 años. Esta soledad es una señal de alerta, pues su medición sistemática podría funcionar como un indicador de calidad del cuidado y facilitar intervenciones concretas dentro de los programas.
En contraste, quienes participan del programa de familias de acogida muestran niveles altos de satisfacción con la vida (8,1) y un índice de soledad significativamente menor. Esto demuestra que dicha modalidad representa una contribución vital para su bienestar general y, especialmente, para su estabilidad emocional.
Para dimensionar la urgencia de estas cifras, basta observar los datos de marzo: durante ese mes ingresaron más niños al sistema de protección (14.643) que los que nacieron en el país (13.123). Este antecedente nos advierte que no solo enfrentamos una baja tasa de natalidad, sino que arrastramos una crisis con más de 126.000 NNA con derechos vulnerados, de los cuales más de 10.000 son menores de 3 años. Si bien la mayor parte participa en programas ambulatorios, aún existen 17.000 NNA en familias de acogida y residencias de protección, enfrentando las vulneraciones más graves.
Estos resultados marcan un camino claro: el Servicio de Protección debe incorporar en su gestión indicadores de bienestar reportados periódicamente por los propios NNA. Esta evidencia vuelve urgente la búsqueda de mecanismos concretos para mejorar sus condiciones de vida, con especial foco en quienes egresarán del sistema y necesitarán redes y capacidades sólidas para transitar hacia la vida adulta en mejores condiciones.



