Opinión | Diario Financiero, 28 de abril de 2016

«Fue equivocado concentrar la reforma en fortalecer la sindicalización»

Por Denisse Vásquez H.

El economista e investigador del CEP, Raphael Bergoeing, está preocupado por la situación actual de la economía chilena. Según su diagnóstico, la estabilidad macroeconómica observada en el país entre 1995 y 2015, que permitió enfocarse en los temas de largo plazo como la inversión y el perfeccionamiento de los mercados, hoy está nuevamente sobre la mesa.
“Eso es muy costoso para el desafío fundamental de alcanzar el desarrollo económico”, afirma, en especial cuando el Producto lleva dos años creciendo muy por debajo del potencial y el Banco Central enfrenta un “zapato chino”, con alta inflación y estancamiento, “característica típica de una economía macroeconómicamente no sana”.
Bergoeing, quien también integra la Comisión Nacional de Productividad (CNP), señala que mientras esto no se resuelva, es casi imposible asumir el desafío de crecer sostenidamente para alcanzar el desarrollo y poder pensarse “en serio” desde la política económica.

- Más allá de la desaceleración, ¿estamos ante un retroceso estructural?
- No cabe ninguna duda que una fotografía de la macroeconomía chilena actual muestra un escenario bastante menos sano, mucho más preocupante y harto más difícil de entender y evaluar que el de la última década y media, incluso cuando enfrentamos crisis muy complicadas, como la asiática y la subprime. Al mirar los datos del precio del cobre y el PIB de los socios comerciales, el escenario de actividad económica no es muy distinto hoy de lo que era en 2005. Sin embargo, en ese año Chile crecía en torno al 5% y hoy lo está haciendo en torno a 1,5%.

- ¿En qué se ha fallado?
- Los psicólogos dicen que para resolver un problema hay que partir por reconocerlo y, más allá de la discusión ideológica, es relevante reconocer que tenemos un nivel de actividad económica y una tasa de inflación que no se condicen con el escenario internacional.
La actividad debería estar con certeza sobre el 4% y la inflación, de todos modos, bajo el 4%; y eso no está ocurriendo hace dos años ya.

- ¿No está ocurriendo por el ambiente de desconfianza en el país?
- La discusión de las reformas no ha construido al contexto de desafíos que tenemos, más bien lo ha exacerbado. La preocupación debería ser la desaceleración de nuestra productividad que se viene experimentando hace ya una década.
Cuando uno toma en cuenta la menor productividad, puede imaginar un país que pasa de crecer 5,5% a 4%, pero no uno que pasa de crecer 5,5% a 1,5%, como nos ha ocurrido a nosotros. ¿Por qué pasa esto? Por factores internos que afectan la inversión, que fue la variable fundamental que se frenó e, incluso, cayó a tasas de dos dígitos desde mediados del año 2013, justo cuando empieza una discusión más compleja, profunda y álgida sobre lo que tenía que hacer el país en el ámbito de lo económico y también político a través de una nueva Constitución.
Pero también es justo reconocer que un gobierno elegido democráticamente tiene el derecho y la obligación de llevar a cabo su programa, pero con uno tan profundo y complejo como el del gobierno actual, naturalmente tenía que producirse una incertidumbre que afectará la inversión en el corto plazo.

- Un costo que no fue asumido desde el comienzo.
- El gobierno decidió seguir durante el primer año la estrategia de negar el impacto que esto tendría en el corto plazo en la economía, lo que me parece, más que una estrategia equivocada, infantil. Fue un error profundo porque afectó la percepción del mundo privado de la capacidad de las autoridades de asumir el desafío complejo que están tratando de llevar a cabo.
Y el ejemplo más relevante no es la reforma tributaria, que más que todo tiene desafíos técnicos, pero no de fondo. Sí me preocupa mucho lo que ocurra con la reforma laboral, que puede terminar siendo la piedra fundamental en el zapato para tener una tasa de expansión en la actividad económica que esté sostenidamente sobre el 4%.

- ¿En qué se fundamenta esa inquietud?
- Fue una decisión política equivocada la de concentrar casi exclusivamente la reforma en fortalecer la sindicalización. Si hay una situación precaria en los sindicatos, no significa que hay que irse al otro extremo. Ese es un error garrafal. Pero así y todo los errores más importantes de la reforma laboral fueron por omisión.
Esta reforma laboral dice poco o nada sobre flexibilización, mayor participación de la mujer, los jóvenes y los adultos mayores. Estos son los temas clave para el futuro.

- ¿Cuáles podrían ser los efectos de esto sobre el PIB?
- Si no somos capaces de avanzar en esa dirección, es una oportunidad que estamos botando a la basura, estamos dejando de aprovechar ganancias de capital importantes para sustentar un crecimiento sostenido hacia adelante. En estas cosas se juega la diferencia entre tener una ganancia de productividad de 0,1% -como la de hoy- o 1,5%, como la que deberíamos tener cada año para volver a crecer con facilidad sobre el 4%.
El problema de la productividad se hace más importante mientras más avanzas hacia el desarrollo, pero con reformas profundas y emblemáticas como las que el gobierno está asumiendo, que dejaron absolutamente de lado la dimensión productividad, solo puedes tener una visión pesimista con respecto a lo que viene.

- ¿Cambia este panorama la resolución del TC?
- El fallo del Tribunal Constitucional resolvió una parte muy menor de esta preocupación, al acoger la impugnación a la titularidad sindical. Los sindicatos tendrán la obligación de convencer a los trabajadores para que se afilien.
Esto debería ayudar a fortalecer el rol y el desempeño de los sindicatos. Pero por otro lado, lamentablemente el proyecto mantendrá parte de las restricciones a la extensión de beneficios y la negociación inter-empresa.
Esto último es particularmente preocupante dadas las diferencias en productividad entre empresas, incluso en un mismo sector. Condiciones laborales únicas para todas las empresas afectarán significativamente la capacidad de éstas para mejorar su productividad.

- ¿El debate de la productividad se está tomando con la importancia que merece?
- Por primera vez, sí. Creo profundamente que la Presidenta tiene consciencia hoy día de la importancia de esto. Pero con el gobierno tengo una sensación de dulce y agraz.
Ya se tomó una decisión en el ámbito laboral y se perdió una gran oportunidad, lo que se va a notar en los próximos diez años, pero al mismo tiempo veo un discurso en la dirección correcta y veo un Ministerio de Hacienda que está contribuyendo de manera importante en el debate generando propuestas y mostrando compromiso con implementar las otras que le han planteado la CNP y la CPC. Por otro tenemos esta reforma laboral que va en la dirección opuesta. Vamos a ver qué pasa hacia adelante, porque lamentablemente en un contexto laboral hostil para la productividad, las políticas pro productividad que se implementen pueden terminar siendo descompensadas por la pérdida de productividad que esta otra reforma va a generar.

DESEMPLEO PODRÍA SUPERAR EL 10% EN ESTE CICLO

"Lamentablemente, las leyes económicas se impusieron", dice Bergoeing al comentar el alza a 9,4% que anotó el desempleo en el Gran Santiago en marzo. Sin embargo, le inquieta más lo que viene, ya que advierte que esa cifra aún no refleja la menor actividad que tendrá el sector construcción por el término del incentivo tributario que impulsó varios proyectos, lo que ya se ve en la caída de 15% en los permisos de edificación en los primeros meses del año.

"En los próximos doce meses esto impactará significativanente la actual tasa de desempleo, por lo que no sería extraño que supere con facilidad el 10% durante este ciclo", sostiene.

Otro punto es la relación entre inflación y productividad: las empresas tienen cada vez más dificultades para producir más con menos -y más barato- y en un entorno competitivo poder traspasar eso a precios. "No estoy preocupado porque la inflación termine desbocándose, porque tenemos un Banco Central que seguramente frenará este problema exitosamente", aclara. Lo que le inquieta es el modo al que tendrá que recurrir el organismo para lograrlo, tomando en cuenta que un rápido salto de productividad es poco probable, en el ámbito del capital y laboral ya se hicieron los cambios con la reforma tributaria y laboral y la baja de los costos en la energía sigue siendo un desafío de mediano plazo. "Si la oferta no es capaz de ayudar, la única manera de reducir precios y evitar que se desanclen las expectativas es aplicar una política monetaria más contractiva. Esto puede llevarnos a terminar el año bajo el 4%, pero con un nivel de actividad que en el corto plazo crezca incluso menos de lo visto".

Raphael Bergoeing Vela

Raphael Bergoeing Vela

Áreas de Investigación: productividad, crecimiento, innovación y coyuntura económica.

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