Opinión El Mercurio, 30 de agosto de 2016

Garantía contra el prejuicio y el poder

Joaquín Trujillo Silva |

Hablando de la fábula de Esopo -que cita Platón, cuyo diálogo cita a su vez don Carlos Peña, en que Tales, observando el cielo, cae a un pozo, resultando la risa de la sirvienta-, leo el último mensaje presidencial de Manuel Bulnes, en 1851, que había sido escrito por Andrés Bello, en el que dicho Presidente, además de referirse a tratados internacionales en negociación, antes de pasar al Ministerio de Guerra, se detiene en un asunto demasiado importante, un nuevo ramo que iba a comenzar a impartirse: el de Astronomía.

Más de 160 años después, nuestros contemporáneos, todos muy actualizados, se dedican a eliminar ramos como, por ejemplo, Filosofía.

Esto va a sonar muy impopular, pero como no me dedico a la política, puedo darme el gusto de la libertad: Esta es la milésima razón por la que, a pesar de no ser beatos de mi devoción, aprecio cada vez más a los conservadores del siglo XIX sin poder decir lo mismo de los progresistas del siglo XXI. En Chile hubo un momento en que hasta en el liceo más pobre y recóndito se estudiaba la lengua de Luis XIV, el francés; se leían el "Mio Cid", la "Ilíada", "La Divina Comedia" (fue de ese mundo, un tanto precario y ridículo, del que emergieron nuestros genios y nuestras genias de la lengua). Pero gente muy moderna eliminó todo esto, principiando por la fase del electivo.

No será raro, entonces, que llegue un día en que exista un solo ramo "Consejo de Curso", en que se hable de las matemáticas de las cuotas de curso, se analice el lenguaje formal e informal de los discursos de los candidatos a presidente de curso, la historia de los mismos, y al fondo de la sala, se observe germinar un poroto hundido en un algodón húmedo para conocer así la biología de la existencia política, amén de un hemiciclo permanente para planificar todas las tomas del recinto.

Como ha dicho el señor Peña, la filosofía es la garantía contra el prejuicio y contra el poder.

La filosofía no solamente ayuda a entender la importancia insoslayable de la propia filosofía; además, ayuda a dimensionar la significancia de otras disciplinas que, muchas veces, no están del todo habilitadas para deslindarse a sí mismas y, por supuesto, valorarla a ella: la filosofía.