El estudio «¿A quién le importa la corrupción? Dinámica de la preocupación por la corrupción en Chile» muestra que quienes expresan con más intensidad esta preocupación son personas con mayor educación, estatus socioeconómico y edad, residentes en zonas urbanas y con un consumo frecuente de noticias políticas en prensa. Las mujeres, en tanto, priorizan menos este tema. Sin embargo, desde el 2015, esta preocupación ha permeado también a sectores de menores ingresos, clases medias y jóvenes de 18 a 24 años.
- Este artículo examina la evolución de la preocupación ciudadana por la corrupción entre 2000 y 2025, proponiendo una lectura sociológica del fenómeno. En esta perspectiva, la corrupción expresa fallas de coordinación entre esferas funcionales de la sociedad —como la política, la economía o el derecho— que generan desajustes entre demandas sociales y capacidades institucionales de respuesta, en un contexto de creciente burocratización, mayor complejidad administrativa y baja profesionalización en el Estado. La preocupación por la corrupción surge así como síntoma de un malestar sistémico en la población frente a esta realidad institucional.
- El análisis se basa en la serie de encuestas CEP entre 2000 y 2025, utilizando como indicador la proporción de personas que mencionan la corrupción entre los tres principales problemas a los que el gobierno debiera dedicar mayor esfuerzo en solucionar.
- Los resultados identifican un punto de inflexión en la opinión pública en 2015, tras los escándalos del caso Caval y financiamiento ilegal de la política. Desde entonces, la preocupación ciudadana por la corrupción se duplicó, pasando de un promedio de 11% en la década anterior a 23% en la posterior. Este cambio refleja un quiebre en las actitudes públicas sobre la influencia de las redes personales y del dinero en la política, cuyo efecto perdura hasta hoy.
- Al observar el perfil de quienes componen este grupo, se muestra que quienes expresan con más intensidad esta preocupación son personas con mayor educación, estatus socioeconómico y edad, residentes en zonas urbanas y con un consumo frecuente de noticias políticas en prensa. Las mujeres, en tanto, priorizan menos este tema. Sin embargo, desde el 2015, esta preocupación ha permeado también a sectores de menores ingresos, clases medias y jóvenes de 18 a 24 años.
- La preocupación por la corrupción como malestar sistémico se refleja en el impacto que tienen factores político-institucionales, como la aprobación al gobierno, el ciclo electoral y la valoración de la democracia. La corrupción es menos priorizada al inicio de los gobiernos, cuando las expectativas de la ciudadanía son altas, y más hacia su final, cuando ya se han defraudado. Quienes confían menos en las instituciones políticas les preocupa más, y menos a quienes aprueban la administración de turno, mostrando que la afinidad ideológica con el gobierno inmuniza frente a las decepciones y, en cambio, amplifica la percepción de los adversarios políticos como corruptos. Quienes expresan indiferencia democrática le otorgan menor relevancia a la corrupción, probablemente porque sus expectativas sobre las instituciones políticas ya fueron defraudadas. Finalmente, quienes son pesimistas sobre el futuro económico del país o tienen baja confianza en las instituciones políticas muestran una mayor preocupación por la corrupción.
- Frente a los escándalos de corrupción conocidos recientemente, el estudio advierte que la trayectoria futura de las actitudes públicas sobre este tema dependerá de la capacidad del gobierno para articular ajustes institucionales efectivos. En particular, reducir la complejidad normativa del Estado, mejorar la coordinación institucional y avanzar en la profesionalización de los funcionarios son estrategias claves para reforzar la capacidad de respuesta institucional. Esto no solo apalancaría el crecimiento económico, sino que reduciría los espacios para la negociación informal y los acuerdos colusorios entre funcionarios y actores privados.




