El Punto de Referencia «Integración de la naturaleza en la empresa» sostiene que un país como el nuestro está en una posición privilegiada para ofrecerle al mundo un conjunto de bienes y servicios indispensables para avanzar hacia economías más sostenibles, atrayendo inversiones y abriendo nuevos mercados que nos permitan crecer, mejorar la vida de todos los chilenos y cuidar de mejor manera nuestra rica naturaleza.
- Nuestro país se encuentra entre los más vulnerables al cambio climático, dado su nivel de exposición geográfica y la importancia de sectores productivos sensibles como la agricultura, la pesca y la minería. Por lo mismo, los riesgos de degradación de nuestros ecosistemas afectan no solo al medioambiente, sino también a la productividad, al crecimiento y al acceso de Chile a los mercados internacionales.
- En los últimos años, Chile ha avanzado con iniciativas como el Fondo de Naturaleza Chile, en la creación y puesta en marcha del Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas, en proyectos piloto del Comité de Capital Natural y una creciente colocación de bonos verdes y sostenibles, entre muchas otras. Al mismo tiempo, más empresas están adoptando métricas para gestionar su dependencia e impactos sobre la naturaleza, alineándose con estándares internacionales. Esta tendencia refleja la necesidad de reconocer la biodiversidad y los servicios ecosistémicos no solo como bienes públicos, sino como activos estratégicos para la sostenibilidad empresarial.
- El objetivo del estudio es identificar experiencias concretas donde la gestión de aspectos relacionados con la naturaleza —como el control de riesgos, la eficiencia en el uso de recursos, la regeneración de ecosistemas estratégicos o la adaptación del modelo de negocio— haya generado impactos tangibles presentes o futuros sobre flujos de caja, decisiones de inversión, retorno sobre capital o resiliencia corporativa. No por filantropía, sino porque son elementos centrales del negocio y crean valor financiero y económico sostenible.
- Los casos analizados muestran avances relevantes, pero también algunos desafíos comunes. Así, por ejemplo, la medición, cuantificación y valorización de beneficios aún carece de metodologías estandarizadas, lo que dificulta vincular resultados ambientales con resultados de negocio. Luego, se requiere monetizar parte de estos beneficios para que estas iniciativas dejen de percibirse como un costo y se conviertan en unidades que generen valor financiero, además de ambiental y social. El marco regulatorio sigue incompleto, pues no se han dictado reglamentos esenciales ni se reconoce el valor de los servicios ecosistémicos. Finalmente, hay un gran desafío en materia de gobierno corporativo para institucionalizar estas iniciativas como inversiones estratégicas y no como programas filantrópicos, asegurando su continuidad en el tiempo.
- Aún queda mucho por hacer, pero contamos cada vez con más herramientas. Por lo mismo, este desafío es también una oportunidad. Un país como el nuestro está en una posición privilegiada para ofrecerle al mundo un conjunto de bienes y servicios indispensables para avanzar hacia economías más sostenibles, atrayendo inversiones y abriendo nuevos mercados que nos permitan crecer, mejorar la vida de todos los chilenos y cuidar de mejor manera nuestra rica naturaleza.



