En el estudio “Trayectorias generacionales en la formación de pareja en Chile: implicancias para la fecundidad”, sus autores sostienen que las políticas pronatalidad requierirán una mirada más amplia que considere no solo los hijos, sino también las condiciones sociales, económicas y culturales que influyen en la formación de parejas.
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Chile exhibe una de las tasas de fecundidad más bajas a nivel mundial (1,03 hijos por mujer), situándose entre los países con menor natalidad dentro de la OCDE.
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Más allá de los múltiples factores que explican la decisión individual de tener menos hijos, uno poco explorado es el impacto de la menor formación de parejas, definidas como cohabitación o uniones legales. En efecto, en Chile, la tasa de fecundidad de las mujeres en pareja es significativamente mayor que la de aquellas solteras y separadas, superando incluso la tasa de reemplazo.
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Un ejercicio contrafactual muestra que, si la proporción de mujeres en pareja se hubiera mantenido constante desde 2006, la caída en la tasa de fecundidad habría sido un 20% menor, lo que equivale a poco más de 15 mil nacimientos adicionales en 2022.
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Esta investigación analiza las diferencias generacionales en la formación de parejas en Chile mediante modelos de Edad-Período-Cohorte (APC), utilizando la encuesta CASEN entre 1992 y 2022. Los resultados muestran una tendencia decreciente en la formación de parejas, con variaciones significativas por generación y sexo.
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En línea con las hipótesis planteadas, los efectos de cohorte son más moderados entre las mujeres, lo que se explica por determinantes que operan de forma más gradual y por la mayor selectividad que ellas tienen en el proceso de emparejamiento.
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Se confirma la hipótesis de una menor propensión a emparejarse en las generaciones que vivieron su juventud bajo la dictadura y la crisis económica de 1982, en un contexto que habría debilitado las disposiciones y habilidades para establecer vínculos estables y funcionales en la adultez. Este efecto es más acentuado entre los hombres.
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En contraste, los hombres nacidos en los años 90 presentan un aumento significativo en el emparejamiento, contrario a lo esperado por la influencia de la era digital.
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En conjunto, los hallazgos revelan que los cambios en las pautas de emparejamiento para constituir la esfera íntima reflejan transformaciones estructurales generacionales. Esto es crucial para el debate sobre la caída de la natalidad en Chile: la propensión a emparejarse se define en etapas tempranas de la vida y resulta difícil de modificar después, condicionando el número de hijos durante el ciclo vital. Las políticas pronatalidad, por tanto, requieren una mirada más amplia que considere no solo los hijos, sino también las condiciones sociales, económicas y culturales que influyen en la formación de parejas.



