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Kratia, Demos y Agogia

Joaquín Trujillo S..

Kratia, Demos y Agogia

Kratia podía desposarse perfectamente con Demos y dejar fuera de la iglesia a su hermanastra Agogía, con el ramo de novia de sombrero.

Hay quienes han dicho que la democracia es una gran patraña, una coartada para lograr que todos tengan que hacerse responsables del fin del mundo. Porque, supuestamente, en realidad, las decisiones las toman siempre unos pocos, los que, por supuesto, querrán lavarse las manos.

No es así.

Los que tienden a tomar las grandes decisiones no tendrían para qué tener esa deferencia para con todos. Y, en lo que respecta a la debacle final, suele siempre posponerse; el mundo es hijo de esa amenaza permanente, por lo que tienen un punto aquellos religiosos que insisten en que solo Dios sabe el día y la hora del acabo.

Las naciones más o menos libres y pacíficas siempre han cobijado alguna forma de democracia, una atención preferente a la opinión de la mayoría. Los reyes, cuando no eran unos declarados tiranos, recibían la aclamación del pueblo y sus herederos, si es que no en la coronación, al menos la aprobación por omisión.

Por eso, cuando finalmente las monarquías se volvieron constitucionales o se compaginaron con votaciones periódicas de representantes, la solución fue de toda lógica. Las monarquías occidentales reacias a cualquier mecanismo de sufragio acabaron cayendo en manos de sus enemigos más desaforados. Y las repúblicas, cuando son democráticas, sinceran este trasfondo, aunque, innegablemente haya monarquías tanto o más coherentes con la mayoría.

Por lo mismo, la con voto secreto, o sea, aquella que tiene la delicadeza de no inmiscuirse en el santuario de la conciencia individual; que respeta plazos, es decir, que no inventa votaciones a cada momento, imprevistas en un reglamento, a fin de aprovechar coyunturas; la democracia que garantiza un clima de convivencia en que candidatos y votantes puedan hablar y escuchar; esa, perfeccionada a lo largo del tiempo, desde votos censitarios, primero, hasta los semiuniversales y universales, después, requiere de muy distintos cuidados. Como la vida en el planeta Tierra, del polen de las abejas y la tan distante como corpulenta presencia de Júpiter, el guardaespaldas.

El gran sabio italiano Norberto Bobbio explicó que durante siglos la democracia fue confundida con la demagogia, un sistema nefasto en que gobernaba el más gritón acompañado de una multitud de voces que se hacían llamar Pueblo. Poco a poco, los abogados fueron explicándole al mundo que democracia y demagogia no eran la misma cosa. Kratia podía desposarse perfectamente con Demos y dejar fuera de la iglesia a su hermanastra Agogía, con el ramo de novia de sombrero.

Y, aunque muchos creyeran que Kratia y Agogía eran gemelas, quienes las conocían desde pequeñas sabían que eran muy distintas, tanto, que una era hermosa y buena, mientras la otra, horrible y agresiva si se le ocurría mandar. Cuestión de palabras: Agogia significa guía.

Así, las personas fueron entendiendo que el único derecho que tenían a mandar al resto necesitaba de leyes y que esas leyes, excepto las de la naturaleza, tenía que hacerlas alguien y que ese alguien, fuera uno o varios, debía estar autorizado por esas mismas personas.