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La chispeza de Portales

Joaquín Trujillo S..

La chispeza de Portales

Portales fue (…) principalmente el eficaz representante chileno de la anchinoia, una virtud que Aristóteles explicó y que el futbolista Gary Medel, en un ejercicio de precisamente anchinoia, tradujo como chispeza.

La figura de Diego Portales ha vuelto a la palestra. El estanquero y ministro -jamás presidente- no deja de constituir un misterio eminentemente chileno. Sobre él han circulado distintas tesis; unas oficiales, otras menos. Yo destaco tres: la de Alberto Edwards, la de otro Edwards (Joaquín Edwards Bello) y la del médico cirujano Nicolás Palacios.

La primera es conocida: Portales habría sido clave en la consolidación del Estado chileno. Mientras otras repúblicas americanas naufragaban a consecuencia de luchas intestinas entre sus élites dirigentes, la de Chile se sosegó por treinta años. La llamada «fronda» se adormeció y el principio de autoridad y la impersonalidad del poder cuajaron. Así, Portales sería el equivalente del Cardenal Richelieu en Francia. Por supuesto, este logro habría sido demolido por la «orgía del Congreso» –el parlamentarismo–, que fue puesto en su lugar por Carlos Ibáñez del Campo ya en el siglo XX. Comentándola, Arturo Alessandri Palma sostuvo que la tesis pertenecía en realidad a Isidoro Errázuriz, expresada en su obra del siglo XIX: “Historia de la administración Errázuriz”.

La segunda sostiene que el mérito de Portales fue haber sometido a los militares al poder civil. Este logro notable se habría malogrado en 1891, cuando los políticos enemigos del presidente Balmaceda volcaron a parte de las Fuerzas Armadas contra él, suscitando un espíritu insurrector que iría dando noticias bajo en 1918, 1924, 1925, 1931, 1932, 1939, entre otros hitos.

La tercera es, sin duda, la más extravagante: Portales sería el «rey de los rotos». Es decir, un representante gourmet de la raza chilena, cruce de godos y mapuches. Como fiel exponente de ese mestizaje en su versión aristocrática, Portales habría tenido un contacto privilegiado con el pueblo. De ahí que haya sido un «rey» en el sentido más original del término, sin necesidad de cargos y menos de la presidencia de la República. Un líder, como dirá el historiador Alfredo Jocelyn-Holt, «escéptico del poder», uno de los hallazgos más iluminadores en la materia portaliana.

Yo, humildemente, tengo mi propia tesis. Portales fue todo eso pero, también y principalmente, el eficaz representante chileno de la anchinoia, una virtud que Aristóteles explicó y que el futbolista Gary Medel, en un ejercicio de precisamente anchinoia, tradujo como “chispeza”; o sea, el súbito conocimiento para entender una situación y reaccionar con rapidez, evitando las prolongadas elucubraciones. E incluso, Portales podría ser entendido como depositario del nous, esa virtud intelectual que para Aristóteles consiste en captar sin mayores procedimientos una verdad autoevidente. Portales lo hizo cuando menciona «el resorte de la máquina» y el «peso de la noche» respecto del secreto y oscuro funcionamiento de la sociedad chilena, con las consecuencias prácticas que esa verdad del incómodo bronce supuso. Sus extravagantes comportamientos de viudo contumaz que fantaseaba con el sacerdocio, a la vez que se movía en casas de remolienda, adquieren a la luz de esta chispa una extraña coherencia.