(…) mientras las redes se reducen, la demanda de cuidado sólo aumenta. En 25 años más, las personas mayores de 60 años representarán un 30% de la población total del país y, hasta ahora, sólo hemos avanzado en la institucionalización y articulación de los cuidados.
Publicada en diarios regionales.
El cuidado se ha vuelto un concepto recurrente en el debate público, no sólo por la tramitación del proyecto de Ley de Sala Cuna, sino también por la necesidad creciente de cuidados en la población de personas mayores de 60 años, producto del cambio demográfico.
Las tareas de cuidado, tanto de niños y niñas como de personas mayores, se clasifican habitualmente como trabajo no remunerado y son ejercidas principalmente por mujeres, ya sean cónyuges o parejas, hijos e hijas, u otro familiar. De hecho, la Encuesta de Bienestar Social, recientemente publicada, confirma que entre 2023 y 2025 los cuidados siguen feminizados. En 2025, las mujeres dedicaron en promedio 5,3 horas diarias al trabajo no remunerado, 0,6 horas más que en 2023. Esto, frente a 3,1 horas de los hombres, 0,4 horas más que en el período anterior. La brecha, lejos de disminuir, aumenta en 0,2 horas.
Eso sí, cuando este instrumento mide también el tiempo dedicado exclusivamente al cuidado, el panorama cambia: ahí la brecha de género se redujo en 0,3 horas. Las mujeres mantuvieron un promedio de 2,2 horas, pero los hombres aumentaron de 1,3 a 1,6 horas entre 2023 y 2025. El avance es modesto, pero marca una trayectoria preferible al estancamiento.
Más allá de la obligación del cuidado, este instrumento también pregunta si las personas quisieran dedicar más tiempo a estas labores. Ahí tenemos un dato que merece atención: entre las mujeres ese deseo cayó de 20,8% en 2023 a 18,5% en 2025, mientras que entre los hombres bajó aún más, de 22% a 16,4%. Es decir, tanto hombres como mujeres coinciden en no querer dedicar más tiempo a las labores de cuidado de niños y de personas mayores.
A esto se suma el problema estructural de contar con redes de apoyo cada vez más escasas, debido a la disminución en el tamaño de las familias y al aumento de los hogares unipersonales.
Y, mientras las redes se reducen, la demanda de cuidado sólo aumenta. En 25 años más, las personas mayores de 60 años representarán un 30% de la población total del país y, hasta ahora, sólo hemos avanzado en la institucionalización y articulación de los cuidados. Se creó el Comité Interministerial de Desarrollo Social, Familia y Cuidados, encargado de implementar el sistema y elaborar el Plan Nacional de Apoyos y Cuidados. Es un paso necesario, pero la cobertura real de servicios en el territorio sigue siendo escasa, manteniendo a las familias con las mismas necesidades y preocupaciones.
En pocos días parte la discusión presupuestaria 2027 y el contexto fiscal no es muy optimista. Según un estudio del CEP, el 83% del presupuesto ya está comprometido en leyes permanentes, mientras que la inversión pública lleva décadas perdiendo peso y enfrentando problemas de ejecución.
Ahí debe instalarse la discusión sobre cuidados. No como un gasto, sino como una inversión que ese diagnóstico exige priorizar, en particular con el alto nivel de desempleo. Postergarla sólo encarece la cuenta que pagaremos en los próximos años, cuando tengamos una población más envejecida y menos personas disponibles para cuidar.



