Opinión El Mercurio, 21 de octubre de 2012

La situación financiera y económica global

Vittorio Corbo |

La semana recién pasada el FMI presentó sus informes de octubre sobre las Perspectivas de la Economía Mundial y sobre la Estabilidad Financiera Global (WEO y GFSR, respectivamente, por sus siglas en inglés). Ambos informes tienen un tono preocupante. El primero no sólo reduce las proyecciones de crecimiento tanto de los países avanzados como de los emergentes para este año y el próximo, sino que estas proyecciones suponen un escenario positivo: los líderes europeos avanzan decididamente en controlar la crisis europea y EE.UU. evita el precipicio fiscal con la aprobación de la elevación del techo para la deuda pública y ajustes graduales y sostenibles en su déficit. El informe señala que dada la lentitud para actuar que han mostrado los líderes europeos y el poco progreso en el ordenamiento fiscal de EE.UU., los riesgos a sus proyecciones de crecimiento están sesgados a la baja; consecuentemente, se concluye que aumenta la probabilidad de una recesión mundial (entendida como un crecimiento mundial bajo el 2%).

Por su parte, el GFSR manifiesta que los riesgos a la estabilidad financiera global se han incrementado desde el informe anterior en abril por un deterioro de la confianza en el sistema financiero global que está golpeando a los mercados monetarios y de deuda de los países periféricos de la Unión Monetaria Europea (UME). El riesgo principal sigue siendo una intensificación de la crisis europea, pero también hay riesgos adicionales asociados a la necesidad de EE.UU. y Japón de restablecer su solvencia fiscal en el mediano plazo y a la capacidad de los países emergentes para poder gestionar los riesgos de la economía global.

Estos dos informes ponen la atención en las autoridades económicas de los países avanzados y emergentes en la necesidad de avanzar en la implementación de políticas que contribuyan a mitigar estos riesgos. En el caso de la crisis europea, el GFSR detalla las iniciativas que han introducido los países afectados y los líderes europeos para controlar la crisis. Menciona particularmente los acuerdos de los jefes de Estado alcanzados en su reunión del 28 y 29 de junio pasado para utilizar el nuevo fondo comunitario -European Stability Mechanism (ESM)-, para capitalizar la banca y comprar deuda de los países en el mercado primario tomando un rol de acreedor regular y no prioritario, y el programa recientemente anunciado por el Banco Central Europeo (BCE) para comprar deuda de corto plazo de los países que negocien un programa con los fondos de apoyo creados por la Comunidad Europea (CE). Pero destaca también que, ahora, el énfasis hay que ponerlo en la implementación. En particular, los gobiernos de los países con problemas de solvencia fiscal y debilidad de su sistema bancario (principalmente Grecia, Irlanda, Portugal, España e Italia) tienen que implementar una consolidación fiscal sostenible y con los menores costos en actividad posibles, reformas estructurales pro crecimiento y completar la reestructuración bancaria.

Además, el resto de los miembros de la UME y las instituciones europeas tienen que apoyar estos esfuerzos con financiamiento y avanzando más decididamente en la creación de una Unión Bancaria y una Unión Fiscal. El GFSR señala con insistencia que la creación de una Unión Bancaria, con una supervisión común, un seguro de depósitos en euros para todos los depósitos en los bancos de los países de la UME y un fondo fiscal común de apoyo para acudir al rescate de instituciones no viables en sus condiciones actuales, es un elemento esencial para estabilizar el sistema bancario y financiero europeo, detener la caída de depósitos y la salida de capitales de los países periféricos y, en último término, para ayudar a sostener las reformas.

En el caso de los países emergentes, el informe reconoce que los principales países emergentes (Brasil, India y China) se han estado desacelerando por los efectos tanto de medidas de ajuste interno, introducidas para prevenir un sobrecalentamiento de sus economías, como también por la desaceleración de los países avanzados. En estos países la preocupación debiera ser la prevención -fortalecer las cuentas fiscales, mantener la inflación en torno a su meta y evitar la formación de burbujas en los precios de activos para así fortalecer la capacidad de respuesta en el evento de que la crisis europea y la economía mundial terminen en una recesión mundial- más que intentar mantener un crecimiento alto en el corto plazo.

Tanto el WEO como el GFSR son informes muy valiosos y señalan con claridad los riesgos que hoy enfrenta la economía global. Sin embargo, es necesario reconocer que ha habido importantes avances en los últimos meses que han reducido significativamente el riesgo del evento catastrófico de un colapso de la UME. A esto han contribuido las ambiciosas reformas introducidas en España e Italia y, muy especialmente, la actitud más proactiva del BCE tanto en diciembre y en febrero de 2012, con una compra masiva de activos de los bancos para asegurarles liquidez, como en su reunión de septiembre recién pasado con el anuncio de un agresivo programa de compra de bonos soberanos de corto plazo en los mercados secundarios para así restablecer el funcionamiento del sistema monetario al interior de la UME. Pero para que este programa se pueda hacer operativo los países afectados tienen que estar dispuestos a negociar un programa de ajuste con los fondos de rescate creados por la Comunidad Europea, el European Financial Stability Facility (EFSF) y su sucesor el ESM. Además, la mayoría de los países miembros de la UME tienen que estar dispuestos a aprobar estos programas. En esto la actitud de Alemania, y en menor medida de Finlandia y Holanda, una vez más va a ser clave.

Son las señales de respaldo a la UME de la mayor parte de sus miembros lo que ha llevado a la importante recuperación de los mercados en los últimos tres meses. Sin embargo, aunque se ha señalado un camino que permitiría ir dejando la crisis atrás, tener un camino no es suficiente, ahora es necesario transitarlo. De hecho, últimamente acciones dubitativas o poco claras respecto del respaldo a la Unión Bancaria, al ESM y al actuar del BCE ponen dudas sobre el convencimiento de los líderes políticos y económicos europeos de la necesidad de actuar en forma rápida en implementar las medidas necesarias para ir dejando la crisis atrás.

Esto podría estar cambiando, la decisión de los jefes de Estado de la CE del jueves y viernes recién pasado de crear una supervisión bancaria única (SSM por sus siglas en inglés) con la participación del BCE y con un claro calendario para que esté operativa en el transcurso del 2013, es un acuerdo importante. Sin embargo, aún no está claro quién supervisará a los bancos medianos y pequeños y si el ámbito del SSM se extenderá más adelante a la creación de un seguro de depósitos común y a un fondo común para acudir al rescate de instituciones no viables, todos administrados por el BCE, para así culminar en la creación de una verdadera Unión Bancaria. Además, queda pendiente todavía la autorización para que el ESM pueda capitalizar directamente a la banca, lo que es muy importante para España e Irlanda. Nuevamente los tiempos de los líderes políticos europeos no se condicen con la urgencia que se necesita para enfrentar los problemas de los países periféricos.

En cuanto a la economía global, en las últimas semanas ha habido también mejores noticias que reducen los riesgos a la baja del crecimiento global. En EE.UU. el mercado laboral, el consumo privado y la confianza de los consumidores mejoran, al mismo tiempo que el sector construcción comienza a sorprender por su dinamismo. China terminó creciendo el tercer trimestre un 9% anualizado, después de haber crecido a sólo un 7,4% anualizado en los dos trimestres anteriores. Al mismo tiempo que las cifras de septiembre de exportaciones, inversión, ventas al detalle y la producción industrial mostraron un renovado dinamismo. En Brasil, la pronunciada desaceleración de los últimos 5 trimestres comienza a dar paso a una recuperación. Sin embargo, los problemas geopolíticos entre China y Japón son un nuevo escollo en las relaciones internacionales y para la recuperación.

En mi opinión, en el neto hemos tenido últimamente buenas noticias para la economía mundial, pero comparto la preocupación del FMI con la fragilidad de la crisis europea y con el precipicio fiscal en EE.UU. Es de esperar que las acciones de los líderes europeos de esta semana sean una señal de que al final los problemas de fondo de la UME se comienzan a enfrentar con las acciones y la urgencia requeridas, y que en los próximos meses éstas sean acompañadas por acciones similares en EE.UU. para enfrentar su problema del precipicio fiscal.