Diarios regionales
Opinión
Empleo
Subempleo
Trabajo

La sombra del subempleo

Sandra Quijada J..

La sombra del subempleo

El debate ya no puede centrarse sólo en la cobertura y el acceso, sino que también debe priorizarse la calidad de la inserción laboral. Esto exige una articulación real entre la formación académica y el mundo productivo en un contexto de cambios tecnológicos cada vez más acelerados. Pero no basta con formar buenos profesionales si no somos capaces de aprovechar su potencial.

Para una gran parte de los estudiantes, la educación superior (tanto técnica y universitaria) ha sido una inversión rentable y un motor de movilidad social, especialmente para quienes integran la primera generación profesional de sus familias.

Las cifras respaldan este cambio: según la encuesta Casen, en 2006 el 18% de los ocupados tenía educación superior universitaria y un 11% técnica; para 2024, estas cifras aumentaron al 39% y 16% respectivamente. Este avance responde a políticas públicas que ampliaron el acceso bajo la idea de que una mayor formación aseguraría un mejor estándar de vida.

En buena medida, ha sido así. Según la OCDE (2025), Chile es de los países miembros con mayor retorno económico a la educación superior. Sin embargo, este resultado se ve opacado por una realidad menos visible y cada vez más preocupante: el aumento del subempleo por calificación, es decir, personas que poseen más educación que la requerida por su puesto de trabajo.

En el estudio del CEP “Educación superior y subempleo en Chile: Incidencia, retorno económico y persistencia”, que será publicado pronto y que utiliza los datos de la encuesta Casen entre 2006 y 2024, muestra que este fenómeno afecta al 30% de las personas con educación superior completa. Este resultado es una señal de alerta, pues el mercado laboral no está absorbiendo adecuadamente una fuerza de trabajo cada vez más calificada.

Este desajuste no afecta a todos por igual. En la educación superior técnica, el subempleo masculino duplica el femenino, diferencia explicada por la inserción ocupacional: las mujeres tienden a concentrarse más en áreas como la salud y la educación, donde el subempleo suele ser menor. En el nivel universitario, en cambio, hombres y mujeres tendrían niveles similares.

El problema trasciende lo vocacional y golpea directamente el bolsillo. En 2024, los técnicos subempleados recibieron un 19% menos de salario por hora que quienes trabajaban en puestos acordes a su formación. Entre los universitarios, esta penalización alcanzó un alarmante 49%.

La situación se agrava con la edad. Entre personas de 46 y 55 años, la brecha salarial por subempleo llega al 26% en técnicos y al 51% en universitarios. Además, el subempleo tiende a ser más persistente en la formación técnica a lo largo de la vida laboral.

Estos resultados plantean un desafío ineludible. El debate ya no puede centrarse sólo en la cobertura y el acceso, sino que también debe priorizarse la calidad de la inserción laboral. Esto exige una articulación real entre la formación académica y el mundo productivo en un contexto de cambios tecnológicos cada vez más acelerados. Pero no basta con formar buenos profesionales si no somos capaces de aprovechar su potencial.