La ciudadanía ha internalizado la relevancia del crecimiento económico en su bienestar: una economía más dinámica genera más oportunidades y mayor estabilidad para las familias.
Es un hecho que la percepción económica de los chilenos ha mejorado. Así lo muestra la última encuesta CEP, donde hubo un aumento significativo en quienes califican la situación económica del país como “buena o muy buena”, y disminuyó la de quienes la consideran “mala o muy mala”.
Lo mismo ocurre con las expectativas: más encuestados creen que la economía mejorará en los próximos doce meses, y menos anticipan un deterioro, mostrando un cambio significativo con la encuesta anterior.
A primera vista, este optimismo podría asociarse al calendario político. En períodos previos a elecciones presidenciales suele observarse un repunte en las percepciones económicas, motivado por la expectativa de cambio de gobierno y por las promesas de reactivación de los candidatos. Sin embargo, en esta ocasión el fenómeno parece tener otros fundamentos económicos.
Durante los últimos meses, la actividad ha mostrado un desempeño mejor de lo previsto. Según el Banco Central, la demanda interna se ha fortalecido, impulsada principalmente por la inversión y, en menor medida, por el consumo de los hogares.
El repunte de la inversión ha estado apuntalado por el impulso de los grandes proyectos, a lo que se suman condiciones financieras algo más favorables y una mejora de la confianza empresarial respecto de años previos. El componente de maquinaria y equipos ha liderado esta recuperación, mientras que la construcción y otras obras también han contribuido gradualmente.
El catastro de la Corporación de Bienes de Capital (CBC) del segundo trimestre reforzó esta tendencia, incorporando una mayor cartera de proyectos previstos para 2025-2028. En paralelo, de acuerdo con el Banco Central, las expectativas de las empresas han mejorado y los indicadores de incertidumbre han continuado descendiendo.
En cuanto al repunte en el consumo de los hogares, de acuerdo con el Banco Central, resalta el dinamismo del consumo de bienes no durables y servicios. La situación financiera de las familias ha mejorado respecto de años anteriores, impulsada por la baja de las tasas de interés y una menor carga financiera.
A esto se suma un mercado laboral que comienza a mostrar signos de mejora. De acuerdo con el INE, la tasa de desempleo se ubicó en 8,5% en el tercer trimestre del año, donde las personas desocupadas disminuyeron incididas exclusivamente por quienes se encontraban cesantes. En términos anuales, se observa la creación de 134 mil empleos y, junto con ello, una disminución de la tasa de ocupación informal, equivalente a unas 36 mil personas.
En ese contexto, organismos internacionales como la CEPAL y el Banco Mundial también elevaron sus estimaciones, situándolas en torno al 2,6%, reflejando una visión más optimista sobre el desempeño económico del país.
La ciudadanía ha internalizado la relevancia del crecimiento económico en su bienestar: una economía más dinámica genera más oportunidades y mayor estabilidad para las familias.
En conjunto, los datos muestran que el mejor ánimo ciudadano no es solo político, sino también económico. Que las percepciones mejoren es una buena noticia pero que lo hagan respaldadas por cifras y fundamentos reales, aunque sean en el margen, es aún mejor.



