Opinión La Tercera, 23 de diciembre de 2018

Miedo a la libertad de expresión

Sylvia Eyzaguirre T. |

¿Por qué es delito negar o justificar solo esas violaciones a los derechos humanos y no otras? ¿Acaso los derechos humanos no son iguales para todos?

La Comisión de Derechos Humanos de la Cámara de Diputados aprobó castigar con cárcel a quienes nieguen o justifiquen las violaciones a los derechos humanos ocurridas durante la dictadura de Pinochet. Se trata de una indicación al proyecto de ley que tipifica el delito de incitación a la violencia, impulsada por la diputada del Partido Comunista Carmen Hertz.

Primera pregunta: ¿por qué es delito negar o justificar solo esas violaciones a los derechos humanos y no otras? ¿Acaso los derechos humanos no son iguales para todos? ¿Por qué sería lícito negar el holocausto o justificar las violaciones a los derechos humanos en la ex Unión Soviética, China o Nicaragua? ¿Acaso por el simple hecho de que los asesinados no son chilenos? ¿Por qué sería lícito justificar la matanza de Santa María o la del Seguro Obrero y no las de Pinochet? ¿Acaso porque ya ha pasado mucho tiempo? ¿Insinúa la Comisión de Derechos Humanos de la Cámara a través de su arbitrariedad que el tiempo y la nacionalidad son factores determinantes a la hora de justificar la violación a los derechos humanos?

Segunda pregunta: ¿vamos a usar las mismas armas que los tiranos, la censura, para combatir las ideas que consideramos peligrosas para “el bienestar de la sociedad”? Hoy podemos ser mayoría. ¿Qué pasará cuando seamos minoría? ¿Vamos a legitimar el uso de la fuerza para acallar las voces de las cuales disentimos, de las cuales incluso despreciamos? Porque no nos equivoquemos, la censura es siempre violenta, aun cuando en casos extraordinarios justificable. “Si no creemos en la libertad de expresión de aquellos que despreciamos, no creemos en ella en absoluto”, dice Noam Chomsky.

Tercera pregunta: ¿Vamos a renunciar al intento de demostrar a través de la razón y de los sentimientos que la vida de un hombre no tiene precio, que las personas no son nunca medios, sino siempre fines, que la vida y la dignidad de las personas están por sobre cualquier cálculo político y económico? ¿Vamos a renunciar a enfrentar a través del diálogo a quienes desprecian la democracia justificando las dictaduras? La censura no prohíbe que las personas piensen lo que quieran, solo prohíbe su publicidad. Pero es precisamente el intercambio de ideas en el espacio público el que permite enfrentar a quienes piensan distinto, da la posibilidad de rebatirlas y sacar a luz los prejuicios, supuestos y valores en las cuales se sustentan.

¿Vamos a renunciar a todo eso? No dejo de pensar que el sentimiento que subyace soterradamente a la censura es el miedo. Pero la historia nos ha mostrado en reiteradas oportunidades que el miedo es mal compañero.

Quiero creer en la capacidad crítica de nuestros conciudadanos, en la fuerza de nuestros argumentos. Veo la necesidad de esforzarnos para que los argumentos en favor de los derechos humanos calen profundo, porque es imposible imponerlo por ley, solo es posible a través del diálogo. No le tengo miedo a la provocación de quienes relativizan los derechos humanos, más les temo a quienes operan en las tinieblas manipulando a través del miedo y vendiendo falsas esperanzas.

Me quedo con las tareas que nos entrega el poeta Khalil Gibrán, porque el verdadero enemigo no está afuera, sino adentro: “¿Y qué sino fragmentos de vuestro propio yo desecharéis para poder ser libres? Si lo que deseáis abolir es una ley injusta, debéis saber que esa ley fue escrita con vuestras propias manos sobre vuestras propias frentes. No la borraréis quemando vuestros Códigos ni lavando la frente de vuestros jueces, aunque vaciéis todo un mar sobre ella. Y si es un tirano el que queréis deponer, tratad primero de que su trono, erigido en vuestro interior, sea destruido. Porque ¿cómo puede un tirano obligar a los libres y a los dignos sino a través de un sometimiento en su propia libertad y una vergüenza en su propio orgullo? Y si es un dolor el que queréis borrar, ese dolor fue elegido por vosotros más que impuesto a vosotros. Y si es un miedo el que queréis borrar, el lugar de ese miedo está en vuestro corazón y no en el puño del ser temido.”