Opinión La Segunda, 8 de noviembre de 2016

Mitos de la política

Sylvia Eyzaguirre T. |

Es de esperar que estos resultados no pasen inadvertidos y que se tomen las medidas necesarias para mejorar la competencia electoral, que es sustancial a un sistema democrático.

La primera afirma que el voto voluntario perjudica a los niveles socioeconómicos más desaventajados.

En el debate público se han defendido como verdades férreas tres creencias, que, al menos a partir de los resultados de las últimas elecciones municipales, muestran no tener respaldo empírico. La primera afirma que el voto voluntario perjudica a los niveles socioeconómicos más desaventajados. A partir de la evidencia acumulada en las últimas dos elecciones con voto voluntario, no se encuentra evidencia concluyente que permita sostener que los niveles socioeconómicos altos tienen una mayor participación electoral que los niveles socioeconómicos bajos. Por cierto, ello no significa que no se deba discutir la obligatoriedad del voto, pero al menos cierra una arista y permite concentrarse en el tema de fondo, a saber, si votar debiese ser sólo un derecho o también un deber.

El segundo mito, instalado por la clase política, consiste en culpar al sistema binominal de la baja participación electoral. El sistema binominal dificultaría la entrada de nuevos actores a la arena política, teniendo como consecuencia una oferta menos diversa de candidatos y poco atractiva para la ciudadanía. Esta sería la principal causa de la mayor desafección a la política. Sin embargo, a pesar del fin del sistema binominal y de la mayor oferta de partidos políticos, no se observó un aumento en la participación electoral, todo lo contrario, la abstención creció. Además, notamos en la elección de concejales que las dos coaliciones más importantes no disminuyeron su peso, sino que este incluso aumentó respecto de la elección municipal anterior, concentrando el 85% de los votos. Todavía es demasiado pronto para evaluar el desempeño electoral de los partidos políticos emergentes, pero no deja de llamar la atención que en un escenario tan adverso para los partidos tradicionales, los nuevos partidos no hayan logrado seducir a los votantes desencantados.

La tercera creencia sostiene que el nuevo sistema de financiamiento profundizaría nuestra democracia al restringir la influencia del dinero en la competencia electoral. El financiamiento a la política es uno de los factores más importantes en un sistema democrático, pues debiese permitir que cualquier ciudadano pueda desafiar al incumbente. Más allá de casos anecdóticos, lo que se observa a nivel nacional es que la tendencia a la baja en la reelección de alcaldes cambió drásticamente, aumentando el porcentaje de alcaldes reelectos de 60% a 73%, y que el peso de los aportes propios en el financiamiento aumentó de 15% a 37%. Es decir, esta elección fue menos competitiva y quienes tienen más dinero tienen más ventaja que antes para competir.

Es de esperar que estos resultados no pasen inadvertidos y que se tomen las medidas necesarias para mejorar la competencia electoral, que es sustancial a un sistema democrático.