Puntos de Referencia | N° 475, diciembre 2017

Movilidad urbana: Santiago no es Chile

Los santiaguinos tienen tiempos de viaje largamente superiores a los de los residentes de las demás ciudades, con tiempos promedio rondan los 50 minutos mientras que, en las demás áreas metropolitanas y ciudades intermedias, los trayectos toman del orden de 20 minutos menos, en promedio.

Junto con los viajes que se realizan hacia los lugares de estudio, los viajes al trabajo son los más frecuentes y extensos dentro de los millones de movimientos que diariamente realizamos los ciudadanos. Por lo mismo, desglosar las características de estos viajes, es decir, analizar su extensión, determinar su incidencia en la agenda diaria de las personas, discutir las diferencias por ciudades, tipo de transporte y segmento socioeconómico; constituye un ejercicio valioso al momento de evaluar opciones de política y decisiones de inversión en infraestructura.

Para abordar este tema utilizamos preguntas que por primera vez se incluyeron en la encuesta CASEN de 2015, por lo que permiten comparar distintas ciudades en un mismo período. Del análisis se desprende que los santiaguinos tienen tiempos de viaje largamente superiores a los de los residentes de las demás ciudades, con tiempos promedio rondan los 50 minutos mientras que, en las demás áreas metropolitanas y ciudades intermedias, los trayectos toman del orden de 20 minutos menos, en promedio. Por su parte, en todas las ciudades analizadas los viajes en automóvil demoran menos que los que se hacen en transporte público, lo que lleva a pensar que el aumento en la motorización particular seguirá su curso de la mano del aumento de los ingresos promedio. Con todo, quienes usan medios no motorizados (caminata y bicicleta) gastan una cantidad de tiempo significativamente menor y muy similar entre las distintas ciudades, incluyendo Santiago.

Los datos muestran también que la asociación entre mayor ingreso y menor tiempo de viaje es relativamente débil y solo se presenta en la ciudad de Santiago, donde los dos deciles más ricos muestran tiempos de viaje significativamente diferentes al resto de sus conciudadanos. Consistentemente, solo en Santiago vemos diferencias importantes en los tiempos de viaje según oficio, destacándose los largos trayectos de quienes trabajan en el servicio doméstico y la construcción. Sin embargo, estos dos casos parecen representar situaciones más bien excepcionales en tanto los demás oficios no muestran mayores diferencias.

Estos resultados son interesantes, ya que, en cierto modo, van a contrapelo del discurso crecientemente arraigado en relación con lo caótica y poca equitativa que sería la distribución de tiempos perdidos en el traslado diario al trabajo. Los problemas de movilidad, entendidos aquí por tiempos excesivos de viaje al trabajo, están acotados principalmente a la ciudad de Santiago. Lo anterior no implica que deje de ser pertinente evaluar mecanismos que permitan acelerar los traslados o al menos evitar que estos se hagan más lentos con el tiempo. La invitación, más bien, es a hacerlo teniendo en cuenta las diferentes realidades, evitando extrapolar diagnósticos y cuidando de no importar soluciones diseñadas para otros contextos.

Andrea Herrera

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Slaven Razmilic

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Áreas de Investigación: Ciudad, urbanismo, descentralización y transporte

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