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Niñez en campamentos: No se trata solo de viviendas

Rosario Palacios R. de G..

Niñez en campamentos: No se trata solo de viviendas

(…) el desafío de terminar con los campamentos es también doble en cuanto se requiere de políticas que superen un entorno riesgoso y, a la vez, conserven la inclusión institucional de NNA evitando el desarraigo territorial y la ruptura de sus redes de cuidado.

Publicada en diarios regionales.

La experiencia de niños, niñas y adolescentes (NNA) que viven en campamentos está marcada por diversos factores negativos que pasan a ser parte de su cotidianidad: la inseguridad, la ausencia de reglas sociales de convivencia, el riesgo de ser víctima de un delito, el participar en actividades ilícitas, la exposición al consumo de alcohol y drogas, y peleas con armas.

Los campamentos no sólo han aumentado en número los últimos años, sino que también han crecido en tamaño, lo que ha significado una mayor complejidad social y dificultad de acuerdos entre vecinos. Muchos de ellos se han convertido en refugio del crimen organizado, como lo han demostrado recientes delitos, y en un negocio para quienes lucran vendiendo o arrendando lotes ilegalmente.

En un nuevo estudio que realizamos en el Centro de Estudios Públicos basándonos en datos recogidos por la Fundación Recrea en campamentos en el norte y la zona central del país, afirmamos que la vida en campamentos produce para NNA un doble vínculo. Por un lado, a medida que suman años viviendo allí, aumentan sus probabilidades de estar expuestos a drogas y actividades ilícitas; pero, por otro, esa misma permanencia estabiliza su asistencia escolar, su inscripción en el Cesfam, y la recepción de beneficios sociales.

Entonces, el desafío de terminar con los campamentos es también doble en cuanto se requiere de políticas que superen un entorno riesgoso y, a la vez, conserven la inclusión institucional de NNA evitando el desarraigo territorial y la ruptura de sus redes de cuidado.

Un modelo que resulta interesante de explorar es el barrio transitorio que ha implementado Fundación Recrea en el norte y centro del país. Estos barrios son conjuntos de viviendas no definitivas, ordenadas en un espacio delimitado cercano al campamento original, donde las familias se comprometen a cumplir reglas de convivencia y reciben apoyo para su inclusión laboral. Al comparar los datos de ambas realidades, se evidencia que la exposición de los NNA al riesgo en los barrios transitoriorios baja en todos los indicadores medidos. La diferencia la hace la formalidad del espacio y el acuerdo social.

Los barrios transitorios, como dice su nombre, no son una solución definitiva, pero preparan a las familias para su tránsito a una vivienda y una cotidianidad formales donde la convivencia es respetuosa, ordenada y no violenta. Esto es central para no reproducir en viviendas formales lo negativo del campamento, lo que podría transformar el nuevo entorno de los NNA en áreas igualmente riesgosas.

Relevar la dimensión social y no centrarse solamente en la vivienda es clave para generar políticas públicas efectivas que mejoren la vida de niños, niñas y adolescentes.

Descarga aquí el Punto de Referencia: Crecer en campamentos. El drama de un doble vínculo.