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Primarias 2025: votar o no votar

Primarias 2025: votar o no votar

Obviamente, cada persona está en su derecho de no participar. Pero si existe una preferencia, por mínima que sea, vale la pena expresarla.

La próxima semana se llevará a cabo la primera elección nacional del año: las primarias presidenciales del 29 de junio. Y, como en toda votación, si existe una preferencia, aunque sea pequeña, vale la pena expresarla.

Por primera vez desde que se implementaron las primarias presidenciales (2013), en este sufragio solo habrá primarias del pacto de izquierda (Unidad para Chile). A diferencia de la primera y eventual segunda vuelta presidencial, el voto será voluntario, y todo el electorado—incluyendo a quienes no se identifican con dicho sector—podrá participar libremente. Solo los afiliados a partidos políticos que no hayan pactado no podrán participar.

Según datos del Servel, cerca de 290 mil personas afiliadas a partidos que no forman parte del pacto no podrán sufragar. Es decir, el universo habilitado para votar en estas primarias sigue siendo amplio: alrededor de 15 millones de personas podrán hacerlo de forma voluntaria.

Los partidos que integran el pacto Unidad para Chile suman alrededor de 230 mil militantes. De ese total, se estima que aproximadamente 106 mil apoyan a Carolina Tohá (PPD, con el apoyo del pacto Socialismo Democrático), 55 mil respaldan a Jeannette Jara (PC, con el apoyo de Acción Humanista), 60 mil a Gonzalo Winter (Frente Amplio), y 15 mil a Jaime Mulet (FRVS).

Para quienes se sienten cercanos al pacto Unidad para Chile participar en las primarias es una forma sencilla de influir en el rumbo de la elección. Pero entre quienes no se sienten cercanos a ese sector, pero sí tienen una preferencia dentro de los candidatos en competencia, esta oportunidad puede parecer contraintuitiva. ¿Qué pasa si el candidato que prefiero y por el que voto en primarias termina pasando a segunda vuelta y eventualmente gana la presidencia? ¿No sería mejor, entonces, votar por quien creo que tiene menos posibilidades de imponerse en una elección general?

Este razonamiento responde a una lógica de voto estratégico: cuando un votante emite su sufragio no necesariamente por quien prefiere, sino por quien cree que maximiza su utilidad esperada. La decisión estratégica se basa en cuán probable se percibe que ese voto sea “pivotal”, es decir, decisivo, y qué consecuencias tendría un eventual triunfo de ese candidato.

El problema de esta lógica es que requiere altos niveles de coordinación e información para que efectivamente se logre cambiar el resultado de una elección. En el contexto de primarias con voto voluntario, esta sofisticación puede convertirse en una barrera para participar. La idea de “no malgastar el voto” o “apostar inteligentemente” agrega una carga cognitiva innecesaria la cual puede llevar, paradójicamente, a no participar, aun cuando haya una preferencia marcada.

Por eso, importa votar sinceramente, en el caso de tener una preferencia. No por una idealización del acto electoral, ni por una noción elevada del bien común. Es más simple que eso: el voto es la herramienta más básica que tenemos como sociedad para tomar decisiones colectivas. Y las primarias, aunque no obligatorias, son justamente eso: una instancia para decidir.

Obviamente, cada persona está en su derecho de no participar. Pero si existe una preferencia, por mínima que sea, vale la pena expresarla.