Puntos de Referencia | N° 478, marzo 2018

Radiografía del gasto de bolsillo en salud en Chile: una mirada desagregada

El acceso universal a la salud exige que los ciudadanos puedan disponer de prestaciones que les permitan restituir y rehabilitar su salud cuando sea requerido, sin que ello se transforme en un evento catastrófico desde el punto de vista económico para los hogares.

El acceso universal a la salud exige que los ciudadanos puedan disponer de prestaciones que les permitan restituir y rehabilitar su salud cuando sea requerido, sin que ello se transforme en un evento catastrófico desde el punto de vista financiero para los hogares. Ello no parece ocurrir del todo en Chile, ya que 6 de cada 10 personas creen que no podrán pagar la atención que necesiten ante una enfermedad grave, a pesar de que 97% de la población declara estar cubierta por algún esquema previsional de salud. Ello podría explicarse porque en Chile el "gasto de bolsillo", es decir, lo no cubierto por el esquema de previsión en salud, representa un alta proporción del gasto total en salud, relativo a otros países. En este trabajo se analiza dicho gasto en los hogares, para conocer quiénes y cómo son los que más gastan y cuáles son los principales destinos de estos desembolsos. Lo anterior aporta información para el desarrollo de políticas que busquen aliviar la carga financiera asociada a salud de los hogares.

Los datos muestran que en 2012 el gasto de bolsillo en salud representó 5,2% del gasto total de los hogares, los que, en promedio, destinaron a salud 18.122 pesos mensuales por persona. Ambos indicadores aumentan a medida que el hogar percibe ingresos más altos, cuando la proporción de adultos mayores y de mujeres es mayor y cuando el jefe de hogar está adscrito a una isapre. En este último caso, el gasto en salud es cuatro veces más que el de los hogares cuyo jefe está adscrito a Fonasa.

Uno de los hallazgos más relevante es que el principal destino del gasto en salud de los hogares es el ítem medicamentos (38%), seguido de consultas médicas (19,8%), exámenes de laboratorio y de rayos (11,8%) y servicios dentales (9,3%). Aún más importante, es que la proporción destinada a medicamentos es más alta en los hogares de menores recursos y en aquellos con mayor presencia de adultos mayores, lo que entrega luces respecto de una política que busque disminuir estos desembolsos.

Un segundo hallazgo que destaca, es que el gasto en salud se encuentra concentrado en algunos hogares. Así, el 20% que más gasta concentra el 80% del gasto y el 10% que más gasta el 61%. Dentro de los hogares que destinan una proporción alta (mayor a 14%) de sus gastos totales a salud, un 2,4% son pobres. Pero quizás más importante aún, es que para dos de cada 5 hogares en ese grupo, el gasto en salud se transforma en catastrófico. Para estos últimos hogares, el gasto en servicios hospitalarios, quirúrgicos y otros procedimientos cobra importancia en explicar el gasto en salud. Nuevamente, estos resultados orientan el diseño de políticas, especialmente si éste se busca focalizar en los hogares de mayor carga financiera asociada a salud.

La información que surge de este trabajo apunta a que, entre otros, existen ciertos gastos poco prevenibles (presencia de adultos mayores en el hogar), algunos que podrían ser prevenibles (gasto en medicamentos asociado a enfermedades prevenibles y servicios dentales), y otros que podrían ser subsidiados o contenidos dentro de los planes de salud (como medicamentos frecuentes y que son indispensables para determinados grupos). Lo anterior permite entonces diseñar estrategias acordes con los objetivos y estimar de mejor manera el potencial impacto a esperar de cada una de ellas.

Stefano Bruzzo

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Josefa Henríquez P.

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Carolina Velasco O.

Carolina Velasco O.

Áreas de Investigación: salud.

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