Opinión El Pulso, 12 de septiembre de 2016

Restricción vehicular permanente: atribuciones excesivas

Slaven Razmilic | Andrés Hernando |

Se acerca la primavera, mejora la ventilación y, como todos los años, rápidamente la discusión en torno a la restricción vehicular se archiva, al menos temporalmente.

Se acerca la primavera, mejora la ventilación y, como todos los años, rápidamente la discusión en torno a la restricción vehicular se archiva, al menos temporalmente. Ahora bien, a diferencia de otras primaveras, esta vez parte del debate continuará aunque de manera mucho más silenciosa en el Congreso, donde actualmente está en carpeta una iniciativa para consagrar la restricción vehicular permanente.

En cuanto a la restricción por congestión, valoramos conceptualmente la propuesta de ofrecer pases diarios, es decir, la idea de pagar por circular.

En este contexto, los dos recientes anuncios de restricción vehicular para la Región Metropolitana, una por contaminación ambiental y la otra por congestión, plantean una serie de interrogantes. Por lo pronto, si la restricción por congestión corriera en paralelo con la restricción por contaminación, los incentivos de cada una tenderían a anularse, siendo posible que la acumulación de medidas individualmente bien pensadas resulten en una sola medida mal diseñada, generando, además, enormes grados de confusión en la ciudadanía.

En relación con la restricción por contaminación, la inclusión de dos dígitos de restricción para vehículos con sello verde y más de cinco años de antigüedad expandiría casi seis veces la limitación actual. Con todo, es preciso tener en cuenta que, si lo que preocupa es la contaminación ambiental, lo primero a revisar son las emisiones y luego el número de fuentes. Desde esta perspectiva, los vehículos diésel ingresados al país post 2011 son entre dos y tres veces más contaminantes que los vehículos bencineros más antiguos en circulación. Sin embargo, a estos vehículos más contaminantes se les permitirá circular sin limitaciones. La discusión debería entonces centrarse más en torno a cuáles son las tecnologías más contaminantes y a cómo debería desincentivarse su uso e incentivarse su reemplazo.

En cuanto a la restricción por congestión, valoramos conceptualmente la propuesta de ofrecer pases diarios, es decir, la idea de pagar por circular, en tanto esta apunta a que los automovilistas internalicen todo el costo de su acción. Ahora bien, en el entendido que esto ocurre cuando el pago se asocia a la externalidad generada, parece más adecuado atacar la congestión donde y cuando esta se produce, y no con restricciones generales. Especial consideración debería tenerse respecto de los efectos de la congestión en el funcionamiento de los sistemas de transporte público, habida cuenta de que pocas medidas resultarían más eficientes y redistributivas que una reducción de la congestión que aumente la velocidad del transporte masivo.

El proyecto de ley que actualmente se encuentra en el Congreso entrega al Ministerio de Transportes un excesivamente variado abanico de opciones, facultándolo para determinar dígitos, fechas, horarios, zonas, perímetros especiales, excepciones, consideraciones por tipo de vehículo, junto al precio de los ya mencionados pases diarios. Todo esto sin mayor contrapeso y dando un amplio espacio a la improvisación. Conscientes de que este tipo de medidas deben implementarse con ciertos grados de flexibilidad que permitan realizar ajustes en el margen, creemos igualmente que las facultades en esta materia deberían estar acotadas en rangos discutidos durante su tramitación y fijados en la ley, asegurando ciertos grados de continuidad y evitando discrecionalidad.

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