¿Todo va a estar bien para la segunda mitad del partido? En materia de actividad, difícilmente veremos un desempeño tan débil como el de la primera fracción. Pero una cosa es que la economía vuelva a crecer y otra que esa mejora llegue al mercado laboral. Es ahí donde se jugará la parte más difícil del segundo tiempo.
Tras conocerse el PIB del segundo trimestre, buena parte de la discusión se concentró en cuestionar si Chile entró o no en una recesión técnica. Es indiscutible que la actividad durante el primer semestre fue débil y, más allá de quedarnos en la nomenclatura, es inevitable preguntarnos sobre lo que podemos esperar para lo que queda del año.
“Todo va a estar bien” fue una de las consignas de campaña y del actual gobierno del presidente Kast. Sin embargo, en materia económica todavía quedan razones para la cautela, particularmente en el corto plazo. La aprobación de la megarreforma y las abundantes cifras de proyectos de inversión aprobados por el SEIA pueden mejorar las perspectivas de mediano y largo plazo, pero sus efectos difícilmente se materializarán pronto. Para lo que resta de 2026, la pregunta apunta a si existirá una recuperación y si su magnitud logrará compensar el desempeño observado durante la primera mitad del año.
Parte de la respuesta se encuentra en una sencilla aritmética. El Banco Central proyectó en junio que la economía crecerá entre 1% y 1,75% durante 2026. Considerando que el PIB se contrajo cerca de 0,3% durante el primer semestre, la segunda mitad del año necesariamente tendría que mostrar un desempeño bastante más favorable.
Para que 2026 termine justo en el punto intermedio del rango proyectado por el Banco Central, el crecimiento interanual del segundo semestre tendría que ubicarse en torno a 3,1%. Incluso para alcanzar el piso de la proyección, debería ser del orden del 2,3%.
Hay, por lo menos, razones para esperar cifras considerablemente mejores durante los próximos meses. Estos cálculos van en la misma dirección que el “punto de inflexión” que el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, anticipó para junio. Pero que las cifras vuelvan a terreno positivo no resuelve todas las interrogantes.
En materia de crecimiento económico no solo importa el signo, sino también la magnitud y, particularmente, su capacidad para traducirse en mejores condiciones para las personas. Este punto es particularmente relevante frente a la debilidad que continúa mostrando el mercado laboral chileno y la velocidad con que la actividad económica se traduce en más empleo.
Las estadísticas de empleo tienen una traducción mucho más directa en la experiencia cotidiana de los hogares que buena parte de los indicadores macroeconómicos. Al respecto, es imposible ignorar la extensa debilidad que muestra el mercado laboral chileno. La tasa de desocupación acumula 43 meses consecutivos por sobre el 8% y las recientes cifras del INE indican que cerca de un 19% de los desocupados (185 mil personas) se demoran más de doce meses en encontrar trabajo.
El desafío es incluso mayor, pues la capacidad de la economía chilena para transformar crecimiento en empleo se ha debilitado con el tiempo. En términos simples, hoy se requiere un mayor crecimiento de la actividad para generar una determinada cantidad de puestos de trabajo que en el pasado.
Así, aun cuando durante el segundo semestre volvamos a observar cifras azules en materia de actividad, es probable que el mercado laboral siga siendo una de las principales piedras en el zapato del Gobierno.
¿Todo va a estar bien para la segunda mitad del partido? En materia de actividad, difícilmente veremos un desempeño tan débil como el de la primera fracción. Pero una cosa es que la economía vuelva a crecer y otra que esa mejora llegue al mercado laboral. Es ahí donde se jugará la parte más difícil del segundo tiempo.


