Opinión | El Mercurio, 15 de marzo de 2019

Sistema de admisión universitario

Muchas universidades aceptan postulantes por las donaciones de sus padres. El propio yerno de Donald Trump, con pocas credenciales académicas, ingresó a Harvard tras una donación de 2,5 millones de dólares.

El sistema estadounidense de admisión a las universidades de élite está hoy bajo la lupa. El FBI desmanteló una red de corrupción, en la que una empresa de preparación para el ingreso al college permitía a los padres pagar para que sus hijos aumentaran fraudulentamente sus posibilidades en las mejores universidades del país. Sus prácticas incluían sobornos para que se cambiaran los puntajes de las pruebas de admisión o se permitiera a un tercero tomar la prueba, y también sobornos a los entrenadores deportivos para que declararan, falsamente, que el postulante era un deportista destacado.

Gran escándalo. Pero lo cierto es que las familias ricas en Estados Unidos tienen, descontando métodos corruptos, varios mecanismos no académicos de aumentar las chances de que sus hijos entren a los mejores colleges. Muchas universidades aceptan postulantes por las donaciones de sus padres. El propio yerno de Donald Trump, con pocas credenciales académicas, ingresó a Harvard tras una donación de 2, 5 millones de dólares, También es frecuente que se priorice a los postulantes que "han mostrado interés" en la institución, lo que se traduce en los jóvenes de más recursos visitando universidades alrededor del país. Finalmente, y en el colmo de la antimeritocracia, hay universidades que otorgan preferencia a los hijos de exalumnos (Brookings Institute, 2019).

Estos hechos debieran hacernos reflexionar sobre las virtudes de un sistema de admisión universitario que, como el nuestro, es centralizado y se basa solo en criterios objetivos. Sin duda, nuestros instrumentos de selección deben mejorarse, eliminando sus sesgos. Pero el caso de Estados Unidos debiera ser un llamado de alerta ante las voces que dicen que la admisión universitaria debiera considerar la motivación, el liderazgo y otros aspectos que abren la puerta a la arbitrariedad y, con ella, a que los postulantes de más recursos aumenten aún más sus chances.

No olvidemos que los jóvenes de familias acomodadas suelen ya tener suficientes ventajas: mejores colegios, más capital cultural y preuniversitarios, entre otros. Pero por muy rico que se sea, si el puntaje ponderado es inferior al requerido, no se entra a las mejores universidades, Eso es un elemento meritocrático en nuestro país desigual.

Loreto Cox A.

Loreto Cox A.

Área de Investigación: educación superior, distribución del ingreso, opinión pública.

Ver más del autor