Libros | Editado en 2013

Vidas revolucionarias

Hace poco más de una centuria la izquierda chilena aceleró su proceso de constitución con la llegada de inmigrantes europeos que profesaban ideas marxistas y anarquistas. Estas doctrinas fueron tomando cuerpo primero en los gremios de oficios libres (zapateros, pintores, estucadores, lancheros) y de a poco entre los trabajadores asalariados, principalmente entre aquellos que laboraban en el nitrato en la zona norte y en las minas de carbón en la región sur.

Las ideas fueron madurando al calor de manifestaciones y huelgas, como la de 1890, que comenzaron los lancheros, a las que se sumaron diversas organizaciones populares del norte y de Valparaíso. Fue este el primer paro masivo de trabajadores en Chile. Años después núcleos anarquistas intervinieron en el conflicto de la carne, de octubre de 1905, donde multitudes ocuparon el centro de Santiago en protesta por el alza de impuestos al ganado argentino que encarecía el precio de ese producto. Dos años más tarde se materializó la huelga de obreros del salitre, que terminó con la matanza de la Escuela Santa María de Iquique.

Como consecuencia de este hecho, quien fuera el principal organizador de la izquierda nacional, el obrero tipógrafo Luis Emilio Recabarren, perseguido por las autoridades, que lo acusaban de incentivar a los obreros a desobedecer, debió exiliarse en Argentina, donde militó en el Partido Socialista y se contactó con el doctor Juan Bautista Justo, quien fue el fundador del partido y traductor al español de El Capital. Más adelante, ya de regreso en el país, en 1912 en la ciudad de Iquique funda el Partido Obrero Socialista (pos), que se convierte en el primer partido político de la izquierda chilena. La organización tenía pocos años en 1917 cuando en Rusia se materializó la primera revolución marxista de la historia. Este acontecimiento fortaleció el imaginario de los miembros del pos, porque comprobó que la revolución sostenida en las ideas de Marx no era una mera utopía sino un hecho concreto y posible de construir.

Hacia 1920 miembros del Partido Obrero Socialista accedieron al Parlamento al ganar cupos de diputados y senadores. La estrategia de la organización, de acuerdo con la realidad nacional, se basaba en hacer política dentro de la ley con activa gestión parlamentaria, en oportunidades acompañada de huelgas y manifestaciones reivindicativas. Esta táctica pareció exitosa e hizo del pos un actor político que, aunque minoritario, debía ser tenido en consideración por las elites gobernantes.

Dos años después, para seguir de mejor manera el ideario de la revolución rusa, en el Congreso de Rancagua de 1922 el Partido Obrero Socialista pasó a denominarse Partido Comunista. Más adelante, a fines de esa década, en el proceso de bolchevización impulsado por el Buró Sudamericano de la Tercera Internacional, el Partido Comunista descartó algunos rasgos heredados del pos que habían contribuido a su éxito, como la implementación de estrategias adecuadas a la realidad del país, convirtiéndose en un partido casi exclusivamente de clase obrera, al que adherían pocos intelectuales, provisto de una fuerte unidad que imposibilitaba el surgimiento de tendencias internas, dogmático y proclive a obedecer los lineamientos del comunismo internacional. De esa manera se constituyó el Partido Comunista, una de las dos vertientes fundamentales de la izquierda chilena.

Diez años después un hecho político va a ser determinante en la formación de otro sector de la izquierda nacional. En junio de 1932 un grupo de militares, intelectuales y obreros socialistas obliga a renunciar al Presidente y, mediante la amenaza de la fuerza, da forma a la República Socialista de Chile. A este gobierno se le oponen la derecha y el Partido Comunista, que fomenta la constitución de sóviets de estudiantes, obreros, campesinos y militares, como en Rusia. La administración revolucionaria dura solo doce días y de esta experiencia sus líderes constatan la necesidad de contar con un partido de orientación marxista distinto del comunista, que proporcione el sustento teórico-político para hacer una revolución propia de Chile. La idea se concreta en 1933 con la fundación del Partido Socialista, organización en la que se unen varios grupos con distintos grados de adhesión al marxismo, que rescatan parte importante de la herencia del pos. Por eso desde su creación el ps ha sido una colectividad heterogénea formada por obreros, intelectuales y segmentos de la clase media; carece de dogmatismo; es latinoamericanista sin adherir a alguna organización internacional; no posee férrea unidad interna, lo que facilita el surgimiento de tendencias con distintas visiones acerca de la naturaleza del socialismo y su posible concreción. Con su fundación queda constituida definitivamente la izquierda chilena en sus dos vertientes tradicionales: por un lado el Partido Comunista y, por otro, el Socialista.

Al poco tiempo, ante la amenaza del fascismo que se manifestaba, entre otros lugares, en Alemania; en la sublevación del general Francisco Franco contra la república española, y en Italia, y siguiendo la línea de los comunistas europeos, la izquierda impulsa la constitución del Frente Popular, que lleva a la Presidencia al radical Pedro Aguirre Cerda en 1938. Pero la colaboración entre el Partido Radical, comunistas y socialistas se mantuvo solamente hasta 1941, porque el PS se dividió.

A fines de la década siguiente, cuando el Partido Comunista está proscrito por iniciativa del presidente Gabriel González Videla, a quien había apoyado, socialistas y comunistas junto a otros grupos menores dan forma a una alianza política llamada FRAP (Frente de Acción Popular), que lleva a Salvador Allende como candidato a la Presidencia en septiembre de 1958. Estos comicios son ganados por Jorge Alessandri Rodríguez, candidato de derecha, por escaso margen.

Poco más adelante un acontecimiento resulta determinante en el devenir de la izquierda nacional en las cuatro últimas décadas del siglo xx. En enero de 1959 un grupo de revolucionarios cubanos dirigidos por Fidel Castro y Ernesto Guevara, fortalecido en las montañas y utilizando la guerra de guerrillas como estrategia, derrota al ejército de Batista y toma el poder para dar forma a una sociedad socialista. La victoria en Cuba hace ver a la izquierda chilena que la revolución ya no está a miles de kilómetros en la URSS sino en Latinoamérica, a solo cien millas de la principal potencia capitalista del mundo, y que su ejemplo puede ser imitado en Chile.

No obstante, en los primeros años después de la revolución su influencia es poco significativa y las fuerzas de izquierda continúan inalterables su estrategia pacífica. Así, el 4 de septiembre de 1964 se realizan las elecciones presidenciales, en las que Salvador Allende nuevamente es derrotado, esta vez por Eduardo Frei Montalva, de la Democracia Cristiana, apoyado por partidos de derecha. El hecho resulta altamente significativo porque sectores de la militancia izquierdista se sienten decepcionados por la política electoral, que invariablemente termina en frustración, y comienzan a cuestionarla. Estos elementos, al poner en entredicho la vía pacífica, empiezan a mirar con mayor detención el fenómeno cubano y a postular que el camino a la victoria pasa por la radicalización de la izquierda, como en ese país. En 1965 los primeros en radicalizarse son unos jóvenes socialistas de Concepción, que se habían alejado del PS y junto a antiguos trotskistas y ex comunistas forman el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). La nueva colectividad se proponía la organización de pobladores, campesinos y obreros para impulsar con ellos el enfrentamiento como estrategia revolucionaria. El MIR pasa a ser la tercera organización más importante de izquierda.

Por su parte, el Partido Socialista, como reacción a la derrota del candidato del FRAP, en el Congreso de Linares de 1965, cambia su dirección y toman el control elementos más proclives a explorar la radicalización de la acción política. El grupo que accede al mando piensa que una combinación de formas de lucha es la ruta más corta para construir el socialismo en Chile. Pero, debido a la naturaleza del partido, una parte importante, cuyos líderes eran Salvador Allende y Aniceto Rodríguez, nunca se comprometió con las tesis radicales, por lo que la política del PSen esta materia era ambigua y contradictoria, pues había sectores que se manifestaban abiertamente por el enfrentamiento y otros en contra de esa orientación, y la mayoría de la militancia seguía con la forma tradicional de hacer política.

Por otro lado, el Partido Comunista, que sostenía desde mediados de los años 1950 la estrategia de la vía no armada, poniendo el acento en la lucha de masas sin excluir del todo la posibilidad de un enfrentamiento para acceder al poder, concluía que la derrota electoral de 1964 se había producido porque la alianza de izquierda no era lo suficientemente amplia, y para tener éxito debía intensificar la vía pacífica. De ese modo, con la oposición comunista y la ambigüedad del Partido Socialista no existía unidad de acción con el MIR para desarrollar una estrategia de enfrentamiento conjunta de la izquierda.

Entonces podemos afirmar que a partir de la derrota de Salvador Allende, en 1964, la disputa acerca de las vías para alcanzar el socialismo se convierte en una polémica importante entre partidos y movimientos de izquierda. Sin embargo, la formación de estructuras armadas necesarias para adoptar una política de enfrentamiento que tuviera cierta viabilidad tuvo distintos énfasis: en el PS la estrategia más radical fue impulsada por los elenos (miembros chilenos del Ejército de Liberación Nacional de Bolivia) desde 1967 hasta 1970 con escaso éxito; y posteriormente, a partir del Congreso de La Serena (enero de 1971) el partido concreta la formación de una pequeña estructura armada, una de protección presidencial y otra de inteligencia, cuyo objetivo era defender el gobierno de la Unidad Po pular. En el mir había consenso en la inevitabilidad del enfrentamiento armado para resolver el problema del poder e instaurar el socialismo, pero la formación de estructuras para impulsarlo fue más débil en la realidad que en el discurso de sus dirigentes, porque contaban con militantes con entrenamiento militar pero carecían de armas. El Partido Comunista, fiel a su política tradicional, antes del golpe de septiembre de 1973 solo tenía los llamados “grupos chicos” como estructuras armadas, y empezaron a trabajar con seriedad en esta materia a partir de 1975 con el ingreso a escuelas militares cubanas de algunos militantes, hasta que se concretó en 1983 con la formación del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, que alcanzó mayor desarrollo. Además, es sumamente importante señalar que Salvador Allende no estuvo de acuerdo con la estrategia armada y este hecho fue decisivo en la no concreción de una estructura militar de la izquierda bajo su gobierno.

Así, en la etapa 1965-1990 la izquierda chilena contó con algunas estructuras armadas, pero hasta 1973 estas no tuvieron mayor desarrollo debido al peso de la tradición electoral en segmentos importantes de sus adherentes, a la ambigüedad del ps, a la oposición comunista, a la escasez de zonas donde asentar una fuerza guerrillera, a la legitimada opinión de que las Fuerzas Armadas chilenas eran el “pueblo en armas” y a la negativa de Salvador Allende para fomentar la actividad armada de sus partidarios.

Este panorama sufrió algunos cambios en la década de los años 1980, cuando el Partido Comunista crea el Frente Patriótico Manuel Rodríguez, para cuestionar el monopolio de las armas que tenía la dictadura militar. El fpmr consigue un desarrollo mucho mayor en comparación con las experiencias anteriores, porque contó con militares de escuela que habían luchado en Centroamérica, mayor calidad y cantidad de armas y una mejor infraestructura proporcionada por el partido. Creemos que en el periodo (1965-1990) la izquierda nacional logró dotarse de cierta capacidad militar, pero jamás estuvo en condiciones de enfrentar con éxito a las Fuerzas Armadas y, por lo tanto, la alternativa de construir una sociedad socialista mediante la lucha armada no fue viable.

En este volumen presentamos seis historias, que, alejadas de los mitos y del cálculo y conveniencia políticos, permiten colocar en su verdadera dimensión a las organizaciones paramilitares de la izquierda chilena entre 1965 y 1990. Considerar este aspecto es importante porque permite explicar completamente el desarrollo de la izquierda y con ello el de la historia política chilena de aquella época; además, hace posible responder acertadamente a la pregunta que por años desde la política, la prensa y la intelectualidad se ha hecho acerca de la verdadera capacidad armada que tuvo la izquierda nacional.

Los relatos de este libro dan cuenta de hechos políticos, tratan la organización de grupos y estructuras de izquierda, adentrándose en situaciones poco conocidas, con el objeto de completar el cuadro para una historia política del periodo. Varios de estos relatos han sido publicados en Estudios Públicos, y a estos se les ha hecho modificaciones en el estilo y se han agregado algunas fuentes que cuando se publicaron eran desconocidas por el autor. Para concretar el texto hemos recopilado información realizando entrevistas a los protagonistas de los hechos. Las conversaciones se efectuaron, entre otras urbes, en Estocolmo (Suecia), La Habana (Cuba), Nueva York (Estados Unidos), París (Francia), Lieja (Bélgica), Ámsterdam (Holanda), Munich y Berlín (Alemania), Buenos Aires, Mendoza, Córdoba y Salta (Argentina), Santa Cruz de la Sierra (Bolivia), Ciudad de México (México) y las ciudades chilenas de Valparaíso, Viña del Mar, Concepción, Los Andes, San Felipe, Santiago, La Serena. También hemos realizado un completo trabajo de archivo en las colecciones especiales de la Universidad de Princeton (Estados Unidos), entidad que otorgó al autor una beca; en el Memorial Salvador Allende de La Habana (Cuba); en la fundación Salvador Allende de Santiago y en numerosas bibliotecas públicas y privadas. El primer fragmento describe la trayectoria del foco guerrillero creado por “Che” Guevara en las sierras de Bolivia en 1967. El relato da cuenta de las ramificaciones del Ejército de Liberación Nacional (ELN-B), sus relaciones con Cuba, Chile y otros países latinoamericanos. Particular atención presta el autor a los seguidores chilenos del ELN-B, a las concepciones ideológicas que los llevaron a unirse a la guerrilla, así como a su trabajo clandestino y participación en los posteriores combates de Teoponte durante 1970. En el segundo fragmento se presenta el relato de una huelga campesina que termina en un enfrentamiento entre campesinos y carabineros en el fundo San Miguel de San Esteban en 1968. Esto permite dar luces acerca de los estrechos nexos entre los campesinos politizados de la región y las fracciones internas del Partido Socialista, que postulaban la radicalización de las luchas.

El tercer fragmento está dedicado a la descripción y análisis de la organización de seguridad del presidente Salvador Allende conocida como Grupo de Amigos Personales (GAP), desde su formación hasta la defensa del Palacio de La Moneda el 11 de septiembre de 1973.

El cuarto fragmento analiza las estructuras armadas más importantes del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), así como algunas acciones relevantes que llevaron a cabo. Particular atención se pone en el desarrollo de sus fuerzas centrales.

El quinto fragmento relata los últimos días con vida de Miguel Enríquez, líder del Movimiento de Izquierda Revolucionaria. La narración pone el acento en las estrategias aplicadas por la Dirección de Inteligencia Nacional (dina) para dar con su paradero. A su vez, intenta despejar algunas dudas sobre el enfrentamiento de la calle Santa Fe, en Santiago, donde Enríquez fue abatido en octubre de 1974, a poco más de un año de la instauración de la dictadura militar que derrocó a Salvador Allende.

La última historia es un relato de la más importante estructura armada que tuvo la izquierda chilena: se trata del grupo creado por el Partido Comunista, llamado Frente Patriótico Manuel Rodríguez, desde la formación de sus cuadros militares en Cuba, pasando por la participación de estos en la revolución sandinista, el cambio de la política comunista en 1980 que permitió la formación del Frente y la Milicias Rodriguistas, hasta su ocaso a fines de la década en la cordillera de la Séptima Región.

Las entrevistas citadas, cuando no se especifica lo contrario, aun las que llevan un nombre inventado, pertenecen al archivo del autor, y en el futuro constituirán una parte importante de la memoria de aquellos años. En los casos en que no ha sido posible grabar la conversación, lo dicho por el protagonista solo se usa contrastándolo con otras fuentes para otorgar mayor veracidad al relato.

Finalmente, en el libro aparecen entre comillas simples algunos nombres propios: ellos son los nombres políticos, chapas o nombres de batalla de los militantes y de los agentes de seguridad. También en cursivas y entre comillas simples aparecen nombres propios, que son falsos y han sido creados para encubrir a los verdaderos. El autor espera que con el transcurso del tiempo se produzca un cambio en las condiciones políticas que permitan publicar sus nombres reales.

Cristián Pérez I.

Cristián Pérez I.

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