Chile requiere un fortalecimiento profundo y sostenido del Sistema Nacional de Cuidados para responder al aumento sostenido de las personas mayores.
Es sabido que la tasa de fecundidad de Chile es de las más bajas del mundo. Mientras, la esperanza de vida alcanza hoy los 81,8 años, con una proyección que aumenta a los 85 años para 2050. La buena noticia es que vivimos más tiempo; la no tan buena es que surge una pregunta ineludible: ¿estamos preparados para tener (al menos) un 30% población cada vez más envejecida?
Según el Servicio Nacional del Adulto Mayor (SENAMA), un 38,6% de la población mayor de 18 años considera que el país no está preparado para enfrentar este proceso. Y, si bien este cambio demográfico presenta una serie de desafíos, uno de los más urgentes — y que la ONU califica como una crisis global— es el de los cuidados de largo plazo.
El cuidado de los adultos mayores es una actividad ejercida mayoritariamente por mujeres. Estas generalmente son familiares de quien recibe los cuidados y no cuentan con capacitación formal ni remuneración, convirtiendo estos cuidados en una actividad informal e invisibilizada a pesar de su enorme valor social y económico.
Según la Encuesta Nacional de Uso del Tiempo (ENUT) 2023, las mujeres entre 25 y 64 años destinan en promedio casi seis horas al cuidado no remunerado. Las mujeres de 65 años y más, por su parte, dedican poco más de cuatro horas y media a esta labor.
Si bien este tiempo no es exclusivo para el cuidado de los adultos mayores, los datos nos revelan una realidad preocupante: un 38,7% de las personas que participan en el cuidado de adultos mayores son también adultos mayores, una tendencia que será cada vez más frecuente. Esto va de la mano con los datos del Censo 2024 sobre el aumento sustantivo de los hogares compuestos solo por adultos mayores de 4,3% en 1992 a 11,6% en 2024.
El Ministerio de Hacienda y Comunidad Mujer estimaron que el trabajo doméstico y de cuidados no remunerados equivale al 19,2% del PIB ampliado, según un reciente informe. En particular, el cuidado de las personas mayores de 65 años alcanza un valor estimado de $714 millones, de los cuales las mujeres realizan el 65,4%, una proporción similar a la del resto del trabajo no remunerado en el hogar.
Pese a la importancia de esta contribución, la inversión pública en la crisis de cuidados sigue rezagada. Es cierto, el presupuesto del Sistema Nacional de Cuidados creció un 36,6% en 2025 (1,36% del presupuesto nacional) y se propone un nuevo incremento de 12% más para 2026. Aun así, Chile sigue estando lejos de países como Corea del Sur o España, que destinan más del 1,5% del PIB a este ámbito.
Frente a esta realidad, Chile requiere un fortalecimiento profundo y sostenido del Sistema Nacional de Cuidados para responder al aumento sostenido de las personas mayores. Invertir en cuidados es una decisión estratégica: no solo es apostar a una vejez digna, sino también prepararse para los desafíos del futuro.



