La Tercera
Opinión
Educación

Simce y plan de reactivación

Carmen Le Foulon M..

Simce y plan de reactivación

Tener información comparable de todos los establecimientos del país en base a estándares de aprendizaje mínimos es central para poder levantar las alertas, priorizar recursos y fortalecer el sistema.

Los resultados del Simce de 2022 vuelven a mostrarnos el dramático estado de la educación escolar. En lectura, solo 2 de cada 5 niños de 4º básico logran las habilidades y conocimientos básicos para su nivel (estándar de aprendizaje adecuado), y un tercio ni siquiera alcanza el nivel elemental. En II medio, solo 1 de 5 jóvenes logra lo básico, y la mitad ni siquiera llega al nivel elemental. En matemática, el panorama es aún más desolador, tanto para 4° básico como II medio.

Esto se sabe hace tiempo, y también que el cierre de establecimientos por la pandemia iba a empeorar la situación. Por lo mismo, es desalentador el escaso sentido de urgencia que se evidencia de parte del Mineduc, así como las prioridades que se desprenden de la cuenta pública presidencial. Como país debemos abordar con decisión la reactivación educativa, pero según estudios (CEP, 2023) estamos invirtiendo un quinto de lo necesario para lograrlo.

No solo faltan recursos, sino que, al revisar la información entregada por el Mineduc respecto al Plan de Reactivación Educativa, tampoco se observa una planificación efectiva, una que tenga acciones ejecutables y medibles. Y esto es preocupante. Si bien carece de la épica y poesía de la estrategia, preocuparse de la logística (en vez de centrarse exclusivamente en la estrategia) es la única forma de lograr que las cosas ocurran y lo hagan como queremos. Toda política pública requiere de un plan accionable, de una hoja de ruta clara y concreta. E incluso la mejor diseñada, queda en nada si la implementación falla. Por eso, es necesario especificar las acciones, plazos, responsables, pero también, realizar evaluaciones periódicas de lo realizado, así como del cumplimiento de las metas intermedias.

Por ejemplo, sobre el programa de tutorías, el Consejo convocado por el Mineduc recomendó generar una síntesis de la evidencia, contar con instrumentos para evaluar procesos y diseñar mejoras para la segunda etapa. Sobre lo realizado en 2022, ¿hay una evaluación e identificación de las falencias y espacios de mejora? En todo caso, la evidencia internacional enfatiza la centralidad de la capacitación y supervisión permanente a los tutores para asegurar la calidad pedagógica y estándares mínimos de seguridad para los niños que participen en ella. Por ello, es importante que el Mineduc ponga a disposición esta información a la brevedad. Sin capacitaciones y supervisión adecuada, será difícil lograr resultados.

Esta semana, el ministro de Educación declaró la meta de que no haya niños que terminen 4º básico sin saber leer. Sin duda, una meta fundamental, pero se debe explicitar cómo se logrará y cómo se sabrá si se ha cumplido. En ese sentido, el Simce es fundamental. Sin duda no puede reemplazar a las evaluaciones diagnósticas más profundas realizadas en los establecimientos, pero tampoco puede ser reemplazado por ellas. Tener información comparable de todos los establecimientos del país en base a estándares de aprendizaje mínimos es central para poder levantar las alertas, priorizar recursos y fortalecer el sistema.

No sé si se trata de un terremoto, drama o tragedia educacional, como se ha discutido estos días. Lo que pareciera quedar claro es que, si el Mineduc no pone urgencia en la gestión y bajada a tierra de su estrategia, con metas concretas y abierta al escrutinio público, para el futuro de miles de estudiantes será la crónica de una muerte anunciada.