«Chile necesita empresas que puedan aumentar su escala, invertir y elevar su productividad. (…) Un buen diseño debe ayudar a las empresas a crecer, no darles razones para seguir siendo pequeñas.»
Publicada en Ex-Ante.
¿Qué ocurre cuando una pyme tiene éxito? Lo esperable es que escale, venda más y contrate más trabajadores. Pero cuando los beneficios tributarios dependen del tamaño de una empresa, crecer puede significar perderlos. Así, una política pensada para apoyar a las pymes puede terminar generando incentivos para que permanezcan pequeñas.
El Gobierno anunció hace unos días que en noviembre presentará un proyecto para mantener en 12,5% la tasa del impuesto de primera categoría de las pymes. La propuesta también contemplará una transición gradual hacia el régimen general. La dirección es correcta, aunque sin duda su efectividad dependerá del diseño.
Hoy el acceso al “Régimen Pro Pyme” depende, entre otros requisitos, de que los ingresos promedio no superen las 75 mil UF durante los últimos tres años. Cuando una empresa supera ese umbral, puede enfrentar una mayor tasa de impuesto y obligaciones de cumplimiento más exigentes.
El problema surge cuando este cambio genera un aumento abrupto de la carga tributaria sobre las utilidades. No basta con establecer tasas intermedias si cada nuevo tramo introduce saltos en la carga tributaria efectiva. La transición debe evitar discontinuidades y considerar también los mayores costos de cumplimiento asociados al cambio de régimen.
La literatura ha documentado la concentración (bunching) de empresas justo por debajo de determinados umbrales regulatorios. En Francia, una investigación encuentra una acumulación de firmas bajo los 50 trabajadores, tamaño desde el cual aumentan las exigencias laborales, con costos relevantes en productividad (Garicano, Lelarge y Van Reenen, 2016).
Por su parte, un estudio en España da cuenta de que las empresas ajustan sus ingresos declarados para no quedar bajo la unidad de grandes contribuyentes, que implica una fiscalización tributaria más estricta (Almunia y López-Rodríguez, 2018). La lección es importante: las reglas asociadas al tamaño de las empresas y con cambios discretos pueden modificar su comportamiento.
En Good Intentions, Bad Outcomes, Santiago Levy muestra, para el caso mexicano, cómo políticas con objetivos legítimos terminaron favoreciendo actividades informales de baja productividad. Apoyar a las pymes, que enfrentan restricciones de financiamiento y altos costos de cumplimiento de la regulación, es un objetivo legítimo. No obstante, esto no debiera traducirse en premiar su permanencia en ese tamaño.
Según el SII, en 2024, el 96,8% de las pymes registró ventas anuales inferiores a 25 mil UF, muy por debajo del umbral. Sin embargo, sería un error subestimar el problema.
Aunque las empresas cercanas al límite son pocas, son precisamente las que más importan en términos de productividad. Así, sería valioso usar los registros del SII para medir si hay concentración en torno a ese umbral y distinguir cuánto responde a decisiones reales de producción y cuánto a ajustes para evitar superar dichos límites.
Chile necesita empresas que puedan aumentar su escala, invertir y elevar su productividad. La discusión tributaria en la política propyme es inevitable y necesaria. Pero un buen diseño debe ayudar a las empresas a crecer, no darles razones para seguir siendo pequeñas.


