Los investigadores del CEP, que acaban de lanzar el libro «La condición posdemocrática», dicen que “Tomás Vodanovic o Claudio Orrego llaman a la militarización. Nos acostumbramos a los estados de excepción y nos parece normal”.
Entre 2018 y 2025, mientras Chile atravesaba la crisis migratoria, el estallido social, la pandemia, los efectos económicos de la guerra en Ucrania, el deterioro de la seguridad y dos procesos constitucionales, los sociólogos Juan Rozas y Aldo Mascareño estudiaron esos fenómenos en una serie de papers publicados por el Centro de Estudios Públicos (CEP). Con el tiempo, llegaron a la conclusión de que todas esas crisis formaban parte de un mismo proceso.
El resultado es «La condición posdemocrática» (Planeta, 2026), un ensayo sobre los cambios que han experimentado las democracias liberales, con Chile como objeto de análisis. En el libro, los autores sostienen que las instituciones siguen funcionando, pero lo hacen en una sociedad más fragmentada, digitalizada y expuesta a problemas que sobrepasan la capacidad de acción del Estado.
Conversamos con ellos sobre las promesas que la política ya no puede cumplir, el impacto de las redes sociales en la democracia y las respuestas con que los gobiernos intentan enfrentar una sociedad que cambió más rápido que sus instituciones.
Muchos de los problemas de hoy —la migración, la inteligencia artificial, el crimen organizado o el cambio climático— son globales, mientras la política sigue siendo nacional. ¿Le estamos exigiendo a los gobiernos resolver problemas que no dependen de ellos?
Aldo Mascareño (AM): La resolución de esos problemas no depende directamente de los estados nacionales, aunque sí de sus políticas internas y de su relación con otros países. Uno no puede esperar que la población chilena le demande al estado chino la solución de un problema. La distancia entre problemas globales y decisiones locales limita la capacidad de los estados para resolverlos. Pero eso no significa que esté mal seguir demandándoles soluciones. La pregunta es: ¿qué recursos tiene hoy el Estado para hacerlo? Tiene que buscar otras formas de responder y adaptar sus instituciones a problemas globales.
Juan Rozas (JR): También hay otra cosa: la política genera promesas respecto de problemas que no puede resolver. Promete, por ejemplo, que va a terminar con la migración pero pierde rápidamente el apoyo y la legitimidad.
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Si el mundo se volvió complejo, ¿el éxito del autoritarismo, del populismo y de las políticas identitarias consiste en ofrecer explicaciones simples de la realidad?
AM: La función de simplificación es propia del populismo. Ese recurso proviene de las alternativas populistas que separan élite y pueblo y moralizan problemas complejos, transformándolos en una oposición entre el bien y el mal. Cuando esa simplificación se combina con recursos de autoridad, medidas como llevar militares a la frontera aparecen como una respuesta, aunque nadie piense que eso resuelva el problema de la inmigración. Por el contrario, el identitarismo tiende a fragmentar y complejizar aún más la realidad, porque pone a cada identidad en oposición a las otras.
JR: No genera sorpresa que esas medidas hagan sentido a la gente. Ahora, ¿cuál es el juicio político que se hace? Que es fascismo. Y la gente no es fascista. Cuando la gente está valorando la imagen de Pinochet, no quiere volver a la dictadura. Son recursos de autoridad. No son dogmas políticos ni ideológicos. Es un error observar una deriva fascista.
Por: Daniel Rozas | La Segunda


