El Mercurio, 1 de julio de 2014
Opinión

¿Habitantes o electores? I

Lucas Sierra I., Isabel Aninat S., Ricardo González T..

El proyecto de ley que está discutiéndose en el Congreso para reemplazar el sistema electoral binominal reduce la cantidad de distritos existentes y les asigna un número variable de diputados a elegir, resultando un promedio de diputados por distrito similar al que había en Chile hasta 1973. Pero este proyecto introduce un cambio inédito en la historia de Chile respecto de la forma en que se asignan los escaños de cada distrito.

Hasta ahora, los escaños se han asignado en atención a la población de cada distrito, esto es, a sus «habitantes», como decía la Constitución de 1925, o a sus «almas», como expresaban las constituciones de 1828 y 1833. Con los distritos del sistema binominal actual, construidos en 1989 tras el plebiscito de 1988, ocurre lo mismo: la población es contada como habitantes. Sin embargo, en lugar de habitantes, el proyecto considera los «electores» en cada distrito, es decir, no atiende a la población en general, sino solo a la mayor de 18 años habilitada para votar. ¿Por qué este cambio?

Desgraciadamente, el mensaje del proyecto nada dice al respecto. Y algo debería decirse dado que el cambio tiene, además, un efecto práctico en el número de escaños asignados que llama la atención. Por ejemplo, el proyecto crea el Distrito 9 (Conchalí, Renca, Huechuraba, Cerro Navia, Quinta Normal, Lo Prado, Recoleta e Independencia), al que le asigna siete escaños en atención a sus 821.671 «electores» reportados por el Servel para el año 2012. También crea el Distrito 10 (Providencia, Ñuñoa, Santiago, Macul, San Joaquín y La Granja), al que asigna ocho escaños en atención a sus 882.596 electores. Y crea el Distrito 11 (Las Condes, Vitacura, Lo Barnechea, La Reina y Peñalolén), al que asigna seis escaños en atención a sus 630.918 electores.

De acuerdo a las proyecciones de población del INE para el año 2012, el Distrito 11 tiene 826.158 habitantes, más que el Distrito 9 (799.375 habitantes) y que el Distrito 10 (722.228 habitantes). A estos dos últimos se les asignan siete y ocho escaños, respectivamente, pero al 11 (más poblado) se le asignan solo seis.

Por otro lado, el proyecto crea el Distrito 14 (comunas de las provincias de Maipo, Melipilla y Talagante), cuyo número de electores es 650.776 y se le asignan seis escaños, al igual que al Distrito 11 con un número parecido de electores. Pero lo curioso es que el Distrito 14 tiene una población de 927.155 habitantes, bastante más grande que la de los distritos 9, 10 y 11.

Uno de los objetivos que, con razón, dice perseguir el proyecto es reducir la desigualdad del voto. ¿Por qué, entonces, introduce esta desigualdad, que deja poblaciones más grandes con menos representantes? Considerar solo a los electores, y no a todos los habitantes, implica una visión algo reduccionista de la comunidad política, limitada solo a aquellos que pueden votar y no al conjunto de la sociedad que debe obedecer las leyes. Parece olvidar el hecho de que los legisladores deciden para toda la sociedad y no solo para la mayor de 18 años con derecho a voto. Los menores de 18 años, los condenados a pena aflictiva y los extranjeros sin residencia suelen ser objeto de la discusión parlamentaria. Si son excluidos al momento de fijar la magnitud de los distritos electorales, se afecta la representación de una parte relevante de la población.

Por último, y más allá de estas consideraciones conceptuales, el hecho es que por primera vez se está cambiando un precedente tan antiguo como la República. ¿Por qué?