Boletín N°31 | Septiembre 2026
El empleo que no vuelve: la cicatriz que Chile no logra cerrar
Por: Roberto Cases, Xiomara Kuwae y Sebastián Izquierdo.
El mercado laboral chileno no ha sanado. Seis años después del inicio de la pandemia, el desempleo lleva casi cuatro años instalado por sobre el 8%, cifras atípicas mirando la década anterior (Gráfico 1). El último dato disponible, del trimestre móvil de mayo-julio de 2026, es elocuente: la tasa de desocupación alcanzó el 9,5% y cerca de un millón de personas buscan trabajo sin encontrarlo, con importantes diferencias entre distintos grupos de la población (ver Para Profundizar 1).
Sin embargo, la tasa de desocupación, indicador que suele concentrar el debate, no es el que mejor explica el dinamismo del mercado del trabajo. Detrás de este hay un fenómeno menos discutido, más persistente y desconcertante: el crecimiento económico viene acompañado de menos creación de empleo que en el pasado.

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En esta edición del Voces del CEP argumentamos que el debilitamiento del vínculo entre el crecimiento y el empleo es un factor relevante en el menor dinamismo del mercado laboral en el período posterior a la pandemia, discutimos algunas hipótesis que están detrás del cambio de esta relación y sus implicancias para el diseño de políticas públicas en el corto y largo plazo. En particular, se argumenta que la salida no pasa por subsidiar a ciegas, sino por focalizar, por ejemplo, en los sectores que suelen crear empleo.
Una recuperación a medio camino
La debilidad del mercado laboral aparece con claridad al mirar la evolución del empleo. Luego del período más álgido de la crisis sanitaria, cuando se acumuló una destrucción de casi dos millones de puestos de trabajo, la recuperación tuvo un entusiasta inicio, pero un tibio desarrollo posterior.
Actualmente, la tasa de ocupación, es decir, la proporción de la población en edad de trabajar que cuenta con un empleo alcanza un 55,9%, muy por debajo de su nivel registrado antes de la pandemia de 58,1%.
La diferencia no es menor. De haber mantenido la tasa de ocupación previa al Covid-19, el país contaría hoy con cerca de 390 mil empleos adicionales, una cifra equivalente a alrededor de 40% de las personas que actualmente buscan trabajo y se encuentran disponibles para trabajar.
El panorama se agrava si consideramos la tendencia de crecimiento del empleo antes de la pandemia. Si el número de ocupados hubiese continuado creciendo al ritmo promedio registrado entre marzo de 2010 y febrero de 2020, actualmente existirían cerca de 810 mil empleos adicionales (Gráfico 2).

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Aunque la evolución del número de ocupados entrega una dimensión valiosa del problema no es la única. También importa qué tipo de empleos se han recuperado y en qué condiciones. Mirar indicadores asociados a la calidad del empleo que se ha recuperado permite complementar esta fotografía y observar si el rezago se limita a la cantidad de puestos de trabajo o si también alcanza sus características (ver Para Profundizar 2).
Con todo, la recuperación del mercado laboral chileno aún se encuentra a medio camino y se vuelve cada vez más relevante acelerar el paso.
No es un fenómeno global
Cuando tenemos un diagnóstico de este estilo, es inevitable examinar cómo ha sido el desempeño de otros países. Lamentablemente, la respuesta no es muy alentadora. Chile es uno de los miembros de la OCDE que muestra mayor rezago en la recuperación del empleo (Undurraga y Vergara, 2025).

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Al analizar los datos de empleo del primer trimestre de 2026, se observa que Chile es el tercer país de la OCDE con peor recuperación en su tasa de ocupación, con una brecha de 1,5 puntos porcentuales por debajo de su nivel previo a la pandemia (Gráfico 3). A su vez, el rezago de la recuperación no es una realidad extendida, por el contrario, en promedio, el resto de los países de la OCDE registra tasas de ocupación de 0,7 puntos porcentuales por encima de su nivel prepandemia.
¿A qué se debe que algunos países hayan recuperado el empleo con mayor fuerza que otros? Una explicación posible apunta al crecimiento económico. Para explorarla, el Gráfico 4 relaciona, para los países de la OCDE, el crecimiento promedio anual del PIB entre 2022-2025 con el cambio en la tasa de ocupación entre el último trimestre de 2019, antes de la pandemia, y el primero de 2026. Los datos apuntan a que los países que más crecieron mostraron, en promedio, una mayor recuperación del empleo. La relación es moderada en magnitud, pero estadísticamente distinta de cero al 5%.

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El caso de Chile, sin embargo, no se ajusta plenamente a este patrón. Entre 2022 y 2025, la economía creció 2% promedio anual, levemente por sobre la mediana de 1,8% de la OCDE. Pese a ello, en el primer trimestre de 2026 la tasa de ocupación permanecía 1,5 puntos porcentuales bajo su nivel prepandemia, ubicando al país por debajo de la relación promedio entre crecimiento y recuperación del empleo. No obstante, desde una perspectiva histórica, pareciera que esta tendencia es algo propia del período posterior a la pandemia, ya que en el pasado las tasas de crecimiento económico se relacionaban con mayor fuerza a la creación de empleo (ver Para Profundizar 3).
Chile no solo ha recuperado menos empleo que los países de la OCDE, sino que el crecimiento reciente ha venido acompañado de una variación más débil del empleo que en el pasado.
El crecimiento y el empleo: dos carriles desacoplados
La comparación anterior sugiere que la crisis del empleo en Chile no puede explicarse únicamente por la magnitud del crecimiento económico. También importan cuánto empleo acompaña a ese crecimiento. Y es precisamente esta relación la que se ha debilitado durante el período posterior a la pandemia.
El cambio se observa al analizar directamente la elasticidad empleo-PIB. Antes de la pandemia, un punto porcentual adicional de PIB se asociaba a un crecimiento de 0,62 puntos porcentuales en el total de ocupados. En cambio, durante el período 2022-2025, esta cifra disminuyó a 0,40 puntos porcentuales, una diferencia estadísticamente significativa. En términos simples, antes de la pandemia un crecimiento de 1,6% venía acompañado, en promedio, de un aumento de un 1% en el empleo. Desde 2022, la misma expansión del empleo se observa cuando la economía crece alrededor de 2,5%.
¿Qué podría estar detrás de este cambio? Naturalmente no existe una única explicación. Algunos estudios relacionados muestran que la intensidad con que el crecimiento se transforma en empleo depende de distintos factores, entre ellos la composición sectorial de la expansión, la evolución de la fuerza de trabajo, las condiciones macroeconómicas y el marco institucional del mercado laboral (Kapsos, 2005; Crivelli et al., 2012; Flaig y Rottmann, 2007).
Una primera pista aparece en la composición sectorial del empleo. La recuperación posterior a la pandemia ha sido bastante heterogénea entre actividades económicas. Agricultura, comercio y construcción explican una parte importante de la brecha que todavía mantiene la tasa de ocupación respecto de su nivel previo a la pandemia (Gráfico 5). Particularmente, construcción y comercio fueron importantes motores de creación neta de ocupaciones antes de la crisis sanitaria, acumulando cerca de un 35% de los empleos creados entre 2014 y 2020. A su vez, Castex et al. (2019) muestran que construcción, comercio, actividades empresariales y agricultura concentraban cerca del 65% del dinamismo de los flujos laborales del mercado asalariado chileno.

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En otras palabras, no solo importa cuánto crece la economía, sino también qué sectores lideran ese crecimiento. La intuición es sencilla: una expansión concentrada en actividades capaces de aumentar su producción con relativamente poco empleo, por ejemplo, a raíz de automatización de procesos, puede convivir con un PIB creciente y una creación de puestos de trabajo más débil.
Pero la composición sectorial difícilmente logra explicar el fenómeno exhaustivamente. En los últimos años también han cambiado las condiciones bajo las cuales las empresas toman decisiones de contratación. En particular, se han superpuesto modificaciones relevantes en materia de salario mínimo, jornada laboral y cotizaciones previsionales, que han elevado distintos componentes del costo del trabajo formal (ver Para Profundizar 4).
La coincidencia temporal de estos cambios con el debilitamiento de la creación de empleo no permite, por sí sola, establecer una relación causal. Sin embargo, sí vuelve relevante analizar cómo la evolución de los costos y las condiciones de contratación puede influir en la forma en que las empresas responden a una mayor actividad económica, particularmente al decidir entre contratar trabajadores, aumentar horas, invertir en capital o introducir nuevas tecnologías que sustituyan determinadas tareas.
Con todo, sería un error malinterpretar este desacople del crecimiento y la creación de empleo como evidencia de que el crecimiento económico ha dejado de ser relevante para el mercado laboral. Por el contrario, recuperar mayores tasas de crecimiento sigue siendo una condición fundamental para generar nuevas oportunidades de trabajo.
Chile necesita volver a crecer, pero también urge que ese crecimiento vuelva a estar acompañado de más empleo y de mejor calidad. Este desafío exige discutir cambios estructurales que favorezcan esa respuesta, entre ellos una mayor adaptabilidad laboral, mejores mecanismos de intermediación y capacitación y políticas que faciliten la movilidad y reasignación de trabajadores.
Un millón buscando empleo: ¿Qué hacer mientras tanto?
Las transformaciones discutidas hasta aquí son, en buena medida, de mediano y largo plazo. Recuperar mayores tasas de crecimiento, con cambios como los introducidos por la megarreforma, y modificaciones estructurales, como mejorar la intermediación laboral o introducir mayor adaptabilidad en el mercado del trabajo, pueden contribuir a recomponer la relación entre actividad y empleo, pero difícilmente entregarán resultados inmediatos.
Con cerca de un millón de personas buscando trabajo, y proyecciones de crecimiento económico que se ajustan a la baja, la pregunta inevitable es qué hacer mientras esos cambios se discuten, acuerdan y comienzan a materializarse. La respuesta no es subsidiar a ciegas, más bien es apuntar el gasto público a los sectores que suelen crear empleo, y a los puestos que realmente se crean.
Una primera orientación surge al mirar con mayor detalle los flujos del mercado laboral. En un estudio del CEP, Cases y Vergara (2026) muestran que, después de la pandemia, la probabilidad de encontrar un empleo disminuyó respecto al período previo al Covid-19, mientras que la probabilidad de salir de la ocupación prácticamente no cambió. Dicho de otra forma, el principal problema parece estar hoy en la puerta de entrada al empleo, más que en la propensión de salir.
Esta distinción importa para el diseño de las políticas públicas. Si la dificultad está principalmente en conseguir un trabajo, las medidas de corto plazo debieran concentrarse en facilitar nuevas contrataciones. A modo de ejemplo, existen experiencias internacionales de créditos fiscales o subsidios a la contratación que son condicionados al crecimiento del empleo (Katz, 1998; Neumark, 2013), los cuales han mostrado un mayor potencial de crear puestos de trabajo (Cahuc et al., 2019).
Una segunda orientación tiene que ver con dónde concentrar esos esfuerzos. En un contexto de estrechez fiscal, subsidiar la creación de empleo sin focalización no parece una alternativa viable ni eficiente. Las diferencias entre sectores en su capacidad histórica de generar empleo, el rezago que todavía exhiben algunos de ellos en su recuperación y sus proyecciones de actividad y productividad pueden entregar información útil para orientar los instrumentos de corto plazo hacia aquellas actividades con mayor capacidad de contratar nuevos trabajadores.
En este marco, la focalización también resulta importante para evitar que los recursos públicos terminen financiando contrataciones que habrían ocurrido de todas maneras. Esto exige combinar criterios sectoriales u otros con diseños que incentiven la creación adicional de empleo.
Estas medidas, sin embargo, no reemplazan la agenda estructural. Pueden facilitar la entrada al empleo mientras la economía recupera dinamismo, pero difícilmente podrán sostener por sí solas una recuperación duradera del mercado laboral. El desafío de fondo sigue siendo recuperar la capacidad de la economía para que una mayor actividad venga acompañada de más oportunidades de trabajo.
Tras la discusión en torno a la megarreforma y ad portas de un nuevo debate legislativo sobre reformas al mercado de capitales, es imprescindible dirigir la mirada hacia el mercado del trabajo. La magnitud de este desafío no puede abordarse desde un solo ministerio, exige una respuesta coordinada e intersectorial. Chile necesita volver a crecer con fuerza, pero también necesita que este mejor desempeño económico se refleje en cifras más auspiciosas de empleo. Avanzar en esa dirección es clave para dejar atrás, por fin, las cicatrices que la pandemia dejó en el mercado del trabajo.
Nota
Los autores agradecen la contribución de Vicente Barja y Valentina González en el desarrollo del análisis y los comentarios de Macarena Lescornez.
Bibliografía
Albagli, E., Araya, P., Bauducco, S., Bertinatto, L., Díaz, I., García, B., Gillmore, R., González, Í., Guzmán, F., Kirchner, M., Kohn, D., Logan, V., Olivares, J., Peña, J., Pérez, D., Quevedo, D., Rivera, N., Vallejos, O., Vidal, K., y Vivanco, D. (2025). Evolución del mercado laboral. Minuta citada en el Recuadro I.3. Minutas Citadas en el IPoM de septiembre 2025. División de Política Monetaria, Banco Central de Chile.
Bravo, J. (2026). Análisis de la evolución de costos salariales en la última década. Informe N° 80. Observatorio del Contexto Económico UDP.
Cahuc, P., Carcillo, S., y Le Barbanchon, T. (2019). The effectiveness of hiring credits. The Review of Economic Studies, 86(2), 593-626.
Cases, R. y Vergara, R. (2026). Entrada y salida al empleo: una caracterización para el período pre y postpandemia. Puntos de referencia N° 783. Centro de Estudios Públicos.
Castex, G., Gillmore, R., y Poblete, I. (2019). Análisis de flujos en el mercado laboral chileno. Documento de trabajo N° 731. Banco Central de Chile.
Crivelli, E., Furceri, D., y Toujas-Bernaté, J. (2012). Can policies affect employment intensity of growth? A cross-country analysis (IMF Working Paper N.° 12/218). Fondo Monetario Internacional.
Flaig, G., y Rottmann, H. (2007). Labour market institutions and the employment intensity of output growth: An international comparison. CESifo Working Paper N.° 2175.
Gamarra, C., Quijada, S., Undurraga, S. y Vicuña, E. (2026). Educación superior y subempleo en Chile: Incidencia, retorno económico y persistencia. Puntos de referencia N° 768. Centro de Estudios Públicos.
Instituto Nacional de Estadísticas. (2026). Boletín estadístico trimestral de empleo N° 334.
Kapsos, S. (2005). The employment intensity of growth: Trends and macroeconomic determinants. Employment Strategy Papers N.° 2005/12. Organización Internacional del Trabajo.
Katz LF. (1998). Wage subsidies for the disadvantaged. In Generating Jobs: How to Increase Demand for Less-Skilled Workers, ed. RB Freeman, P Gottschalk, pp. 21–53. New York: Russell Sage.
Neumark, D. (2013). Spurring job creation in response to severe recessions: reconsidering hiring credits. Journal of Policy Analysis and Management, 32(1), 142-171.
Undurraga, S. y Vergara, R. (2025). ¿Es el rezago del mercado laboral en Chile un fenómeno excepcional? Un análisis de la recuperación postpandemia en comparación con la OCDE. Puntos de referencia N° 743. Centro de Estudios Públicos.
Sobre los autores
Roberto Cases es ingeniero comercial con mención en Economía y Magíster en Economía de la Universidad Católica. Formó parte del equipo económico de la Comisión Nacional de Evaluación y Productividad (CNEP). Actualmente es investigador del (Centro de Estudios Públicos) CEP y profesor del Instituto de Economía UC.
Xiomara Kuwae es ingeniera comercial con mención en Economía y Magíster en Economía Aplicada con mención en Políticas Públicas de la Universidad Católica. Se ha desempeñado como asistente de investigación en proyectos de economía, finanzas y políticas públicas. Actualmente es investigadora asistente del CEP.
Sebastián Izquierdo R. es ingeniero comercial con mención en Economía y magíster en Políticas Públicas de la Universidad de Chile. Actualmente se desempeña como investigador y coordinador académico del CEP, institución desde la cual participa en este documento. Asimismo, es vicepresidente del Consejo Fiscal Autónomo (CFA).


1. Las caras del desempleo
La tasa de desocupación agregada esconde realidades muy distintas. En el último trimestre móvil disponible (mayo-julio 2026), por edad, se observa que los jóvenes de 15 a 24 años y de 25 a 34 años son quienes registran mayores tasas de desocupación (23,5% y 12,2%, respectivamente). Por otra parte, las mujeres enfrentan un 10,3% frente al 8,9% de los hombres. Mientras que a nivel regional se configuran distintas caras del desempleo: Ñuble lidera con (11,0%) seguida por la del Biobío y Los Ríos (ambas con 10,6%), zonas que contrastan con aquellas que presentan menor nivel de desocupación como Magallanes y Aysén (5,9% y 4,0%, respectivamente).
La caracterización del desempleo se enriquece al incorporar la duración del desempleo, dimensión recientemente añadida por el INE. Al indagar, destaca la mayor persistencia de la desocupación en las mujeres (20,4% versus 17,3% de los hombres) y una profundización del tiempo de búsqueda de un empleo a medida que avanza la edad, con 4,6 meses promedio entre los 15 a 24 años y 10,7 meses entre los 55 a 64 años.
2. La calidad de los empleos que se están creando
La recuperación del empleo no solo ha sido insuficiente en magnitud; también preocupa su calidad. En el trimestre móvil mayo-julio de 2026, la tasa de ocupación informal se ubicó en 26,5%, con un alza de 0,5 puntos porcentuales en doce meses (INE, 2026). En el mismo período, mientras el total de personas ocupadas se contrajo 0,2% y el empleo asalariado formal cayó 2,4%, la ocupación informal aumentó 1,6%. Estas cifras reflejan una recuperación poco auspiciosa: retrocede el empleo formal y aumenta la informalidad, asociada a menor protección laboral y social.
A la informalidad se suma un segundo problema de calidad, menos visible: el desajuste entre la formación de las personas y el nivel educativo requerido por los empleos que consiguen. Un estudio del CEP, elaborado por Gamarra et al. (2026), muestra que la sobreeducación supera el 30% entre quienes completaron la educación superior y se acerca al 40% entre los técnicos. El desajuste también está asociado con menores ingresos: en 2024, los técnicos sobreeducados ganaban cerca de 20% menos que sus pares en ocupaciones acordes con su formación; entre los universitarios, la diferencia llegaba a 49%.
3. Correlación entre tasas de ocupación y crecimiento económico previo a la pandemia
Durante la década anterior a la pandemia, los países de la OCDE que más crecieron tendieron también a registrar mayores aumentos en su tasa de ocupación. Como muestra el Gráfico 6, entre 2010 y 2019 la correlación entre el crecimiento promedio anual del PIB y la variación de la tasa de ocupación fue positiva y estadísticamente significativa.

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Chile se ubicó dentro de ese patrón. En esos años, su economía creció 3,3% promedio anual, frente a una mediana de 2,4% entre los países de la OCDE. Al mismo tiempo, su tasa de ocupación aumentó 4,1 puntos porcentuales, casi el doble del incremento mediano del grupo, de 2,1 puntos. Su posición en el gráfico se encuentra, además, muy próxima a la línea de ajuste: el aumento de la ocupación fue prácticamente el que cabía esperar dado el crecimiento observado.
La comparación histórica nos entrega una pista relevante. Antes de la pandemia, Chile combinó un crecimiento superior a la mediana de la OCDE con un avance proporcional en la tasa de ocupación. La pregunta que dejan los años recientes es qué cambió para que esa relación se volviera más débil.
4. Cambios regulatorios recientes en el mercado laboral chileno
Durante el período posterior a la pandemia se registra un menor vínculo entre el crecimiento y la creación de empleo, hecho que coincide temporalmente con un período, particularmente entre 2022 y 2026, en el que se han superpuesto distintas reformas laborales que han modificado componentes relevantes del costo de contratación formal:
- Entre comienzos de 2022 y enero de 2026, el salario mínimo nominal aumentó de $350.000 a $539.000.
- La jornada ordinaria se redujo de 45 a 44 horas en 2024 y a 42 horas en abril de 2026, camino a alcanzar las 40 horas en 2028.
- A raíz de la reforma de pensiones, desde agosto de 2025 comenzó a regir una nueva cotización de cargo del empleador, inicialmente al 1% del sueldo imponible, como parte de una gradualidad que llegará a 8,5% en 2033.
Estas modificaciones no afectan por igual a todas las empresas ni trabajadores. Bravo (2026) estima que, entre enero de 2016 y junio de 2026, el costo salarial real por hora de un trabajador afecto al salario mínimo aumentó 50,8%, al incorporar las modificaciones laborales descritas anteriormente. Por otro lado, evidencia reciente del Banco Central muestra que sus efectos sobre el empleo pueden ser relevantes entre empresas más expuestas al aumento del salario mínimo, las cuales reducen su empleo en 5,6% respecto a aquellas menos expuestas (Albagli et al., 2025).
Leer más:
- Opinión: “Cuando crecer no basta”.
- Opinión: “Deterioro del mercado laboral femenino”.
- Opinión: “Trabajo y productividad ¿qué nos deja la pizarra del primer trimestre?”.
- Punto de referencia: “Educación superior y subempleo en Chile: Incidencia, retorno económico y persistencia”.
- Punto de referencia: “Hacia un nuevo sistema de indemnización laboral: evaluación de un esquema de cuentas individuales”.
- Punto de referencia: “Entrada y salida al empleo: una caracterización para el período pre y postpandemia”.
- Punto de referencia: “¿Es el rezago del mercado laboral en Chile un fenómeno excepcional? Un análisis de la recuperación postpandemia en comparación con la OCDE 27 agosto, 2025”.


En esta edición de Voces del CEP, te recomendamos disfrutar de los siguientes seminarios que ya están en nuestra web y YouTube:
- Lanzamiento del libro «La condición posdemocráctica en Chile. Política al borde del colapso», un ensayo imprescindible para comprender la transformación de la democracia en nuestro país, de los investigadores CEP, Aldo Mascareño y Juan Rozas. Los comentarios estuvieron a cargo de Carlos Peña, rector de la Universidad Diego Portales, y Juan Luis Ossa, director del CEP.
- «Crecer en campamentos: El drama de un doble vínculo». El encuentro contó con una presentación de la investigadora CEP, Rosario Palacios, para luego dar paso a una conversación entre el gobernador de la Región Metropolitana, Claudio Orrego, y el subsecretario de la Niñez, Marcelo Sánchez. La tertulia fue moderada por la directora de Comunicaciones CEP, Macarena Lescornez.
- «Más allá de las utilidades: cómo evaluar a las empresas públicas». El encuentro inició con una presentación del coordinador académico CEP, Sebastián Izquierdo, que luego dio paso a una conversación entre el director de Presupuestos, José Pablo Gómez, y el investigador CEP, Jorge Rodríguez, moderada por la directora de Comunicaciones CEP, Macarena Lescornez.
- «Magallanes V: concierto audiovisual». En esta ocasión, la artista sonora Paula Schopf presentó la última versión de Magallanes, un proyecto interdisciplinario desarrollado a partir de varias residencias artísticas en la región de Magallanes. El concierto fue interpretado junto al músico electrónico Martin Schopf (aka Dandy Jack) y contó con las visuales de Eduardo Velásquez, colaborador del proyecto desde Punta Arenas.
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