Boletín N° 32
Voces del CEP
Economía
Informalidad
Trabajo

Informalidad laboral: un riesgo en cuenta regresiva

Centro de Estudios Públicos, Sebastián Izquierdo R., Roberto Cases V., Rodrigo Vergara M..

Informalidad laboral: un riesgo en cuenta regresiva

Boletín N°32 | Octubre 2026

Informalidad laboral: un riesgo en cuenta regresiva

Por: Sebastián Izquierdo, Roberto Cases y Rodrigo Vergara[1].

Los costos laborales crecen casi cuatro veces más rápido que la productividad. Si esa brecha persiste, cuando el empleo vuelva, podría hacerlo fuera de la formalidad.

El mercado del trabajo vive momentos críticos. El empleo no sólo no vuelve a sus niveles prepandemia, sino que el vínculo entre crecimiento y creación de puestos de trabajo se ha debilitado. Pero, aun si esa situación se revierte, puede surgir una nueva dificultad que debemos comenzar a considerar: un posible aumento en la informalidad. Y la razón puede ser la misma que hoy impide, en parte, el despegue del empleo: el incremento en los costos laborales. En otras palabras, a medida que se mitiguen ciertos efectos cíclicos de la economía, esa preocupación podría desplazarse hacia la calidad de los puestos de trabajo. El riesgo, por tanto, no es necesariamente que hoy ya estemos registrando mayores tasas de informalidad, sino que, cuando el empleo regrese, lo haga en una proporción preocupante fuera de la formalidad. Es decir, que su cuenta regresiva ya haya comenzado.

 

De qué hablamos, cuando hablamos de informalidad

La literatura suele definir la informalidad como el incumplimiento de la legislación laboral, de la tributaria o de ambas. De hecho, la clasificación del INE para determinar si una ocupación es informal se basa en uno de esos dos criterios, según el tipo de trabajador (ver Para Profundizar 1). Visto así, cuando las normas laborales se vuelven más exigentes -y, por tanto, más costosas de cumplir- la informalidad puede convertirse en una vía para eludirlas. Es ahí donde la actual situación se torna preocupante. Y es que, a pesar de la amenaza de fiscalización y sanción, esa puede no ser lo suficientemente disuasiva ante los costos que implica contratar a alguien en un mercado que ha visto en muy poco tiempo un alza importante en el salario mínimo, las 40 horas y la reforma de pensiones. Cada una por separado supone un ajuste, todas al mismo tiempo son una carga que muchos empleadores no logran absorber. Y es ahí donde la informalidad comienza a acechar con todas sus indeseadas consecuencias tanto para el Estado como, y sobre todo, para quienes quedan al margen de la red de protección que implica la formalidad.

Sin embargo, para llegar a ese punto -en el que la informalidad se torna una opción- hay que primero crear trabajo. Y ese momento aún no llega. Pero lo que sí ha llegado son los mayores costos laborales. Y no para todos. Para el sector informal dicho aumento no se ha materializado en la misma magnitud que en el formal. El primero, por ejemplo, puede eludir el pago del salario mínimo y de las cotizaciones, así como el cumplimiento de las 40 horas.

Aquí aparece un primer elemento interesante: el margen extensivo. A medida que aumenta el costo de cumplir con la normativa laboral, también pueden hacerlo los incentivos para operar fuera de ella. Así, más empresas o unidades económicas podrían optar por la informalidad en lugar de operar formalmente, extendiendo su presencia en el mercado laboral (Ulyssea, 2018).

Pero este no es el único margen relevante. Existe también uno intensivo, que no ocurre entre empresas sino dentro de ellas: una compañía que opera formalmente puede, aun así, contratar a parte de sus trabajadores de manera informal (Ulyssea, 2018; Perry et al., 2007). Si contratar formalmente se vuelve más caro en comparación con hacerlo de manera informal, la empresa puede cambiar la composición de su planilla y aumentar la proporción de trabajadores contratados informalmente. En Chile, esto podría tomar la forma, por ejemplo, de una mayor proporción de trabajadores contratados mediante boletas de honorarios.

Ambos márgenes responden a un mismo mecanismo: a medida que aumenta la diferencia entre el costo de contratar formalmente y de hacerlo fuera de la normativa, también aumentan los incentivos a recurrir a la informalidad. Sin embargo, que estos incentivos efectivamente se traduzcan en mayor informalidad dependerá de distintos factores, entre ellos, la fiscalización y la capacidad de las empresas para absorber mayores costos. En este último punto, la productividad pasa a ser una pieza central (La Porta y Shleifer, 2014).

 

Formalidad y productividad, la dupla virtuosa

Desde un punto de vista económico, la decisión de crear un puesto de trabajo formal depende, en buena medida, de un balance sencillo: cuánto aporta un trabajador a la producción de la empresa (esto es, su productividad) y cuánto cuesta contratarlo. Mientras la balanza se incline en favor de la primera, una empresa seguirá creando puestos formales. Por el contrario, a medida que los costos aumentan en relación con la productividad, se reduce el espacio para la formalidad e incluso puede producirse un ajuste a la baja en la dotación existente.

Una primera señal de este riesgo aparece al comparar cómo han evolucionado los costos laborales y la productividad. Entre 2023 y 2025, el índice de costos laborales, corregido por inflación, ha crecido en 11,4%, mientras que la productividad laboral lo ha hecho en 3,1%[2]. Es decir, en ese período el costo de contratar creció casi cuatro veces más que lo que un trabajador promedio aporta a la producción. Con ello se reduce el margen que tienen las empresas para absorber esos mayores costos sin alterar sus decisiones de contratación; y, como vimos, una de las formas de alterarlas es contratar a una mayor proporción de trabajadores de manera informal (el margen intensivo).

Una segunda señal aparece en la evolución del empleo formal. El aumento en los costos laborales puede afectar la creación de puestos de trabajo formales y, con ello, modificar la composición de la contratación dentro de las empresas (el margen intensivo ya descrito). A su vez, si las oportunidades de empleo formal se reducen, una parte de quienes buscan trabajo podría terminar encontrándolo en el sector informal. Los datos muestran un patrón consistente con este riesgo: durante los últimos dos años se ha desacelerado la creación de empleos formales y, en 2026, su variación anual se ha mantenido consistentemente en terreno negativo (ver Para Profundizar 2).

Naturalmente, no todas las empresas tienen la misma evaluación del balance productividad-costo, lo que puede relacionarse con la heterogeneidad que exhibe la creación de empleo formal por tamaño de quien emplea (ver Para Profundizar 2).

 

Aún hay tiempo

Existen razones para pensar que, en un mercado laboral en el que se ha encarecido la contratación formal, podría aumentar la informalidad. Sin embargo, esto no ha ocurrido en forma masiva en Chile (ver Gráfico 1). De hecho, si se compara con el período previo a la pandemia, los niveles de informalidad son hoy inferiores. No obstante, mirando 2025, la informalidad es hoy algo mayor. Para deducir un cambio de tendencia se requiere más información.

 

(Puedes ver la figura en mayor detalle haciendo clic aquí)

 

Sin embargo, que el riesgo no se haya materializado no quiere decir que no exista. La menor tasa de informalidad respecto al nivel prepandemia tampoco contradice la hipótesis de que los mayores costos estén dificultando la contratación formal. Esto podría tener una explicación sencilla: la informalidad también necesita demanda. Para que un trabajo informal exista, alguien tiene que estar dispuesto a comprar lo que ese trabajador produce o vende.

Hoy, con poco dinamismo en sectores donde el empleo informal suele concentrarse, como agricultura, comercio, construcción o servicios, quienes no encuentran un empleo formal tienden a quedar desempleados o a salir de la fuerza laboral, más que a pasar a la informalidad. Con una economía en crecimiento, en cambio, se abre espacio para que las ocupaciones informales se vuelvan una alternativa real. La menor informalidad actual, por tanto, no permite descartar el problema: la pregunta relevante es qué ocurrirá con la composición del empleo cuando vuelva el crecimiento si se mantiene la brecha entre el crecimiento de los costos de contratar formalmente y el de la productividad laboral. Este es, sin duda, un riesgo latente para el mercado del trabajo chileno.

 

Cómo lo evitamos

En comparación con Latinoamérica, Chile tiene una tasa de informalidad baja. Sin embargo, aún estamos bastante por encima de las registradas en países desarrollados. Se estima que en la OCDE es de aproximadamente un 15% (Cifuentes, 2024). Existen buenas razones para evitar que la tasa de informalidad crezca: la formalización es clave para el mejoramiento de las pensiones, la recaudación de impuestos, la acumulación de capital humano y la eficiencia en la asignación de recursos, entre otros (Meghir et al., 2015; Ulyssea, 2018; Bastidas y Acosta, 2019; Bobba et al., 2021).

Mantener a raya el riesgo de informalidad requiere distinguir entre las acciones de corto y de largo plazo. En lo inmediato, mientras la creación de empleo formal continúa debilitada, la prioridad debiera ser evitar seguir estrechando el espacio para contratar formalmente. Esto exige evaluar cuidadosamente nuevos aumentos en los costos de contratación, especialmente en aquellas empresas y trabajadores para los cuales el balance entre productividad y costo es más estrecho. Instrumentos focalizados que reduzcan transitoriamente el esfuerzo de contratar pueden facilitar la entrada al empleo formal.

En el largo plazo, sin embargo, contener los costos no es suficiente. La manera sostenible de ampliar el espacio para crear empleos formales es elevar la productividad. Una economía más productiva puede sostener mejores salarios, mayor protección social y mejores condiciones laborales.

Para las empresas, esto significa producir más y mejor con los mismos recursos (La Porta y Shleifer, 2014). La agenda es conocida: inversión, adopción tecnológica, financiamiento para proyectos de alto potencial y condiciones para que las firmas más productivas puedan crecer.

Para los trabajadores, significa elevar y actualizar las competencias que determinan cuánto pueden aportar. Chile ha ampliado fuertemente su cobertura educacional, pero mantiene brechas importantes en las habilidades de su fuerza laboral respecto de los países desarrollados (OCDE, 2024). Mejorar la pertinencia de la formación técnico-profesional, fortalecer la capacitación efectiva a lo largo de la vida laboral y facilitar la reconversión cuando la tecnología transforma las tareas son desafíos que no pueden esperar.

Pero empresas productivas y trabajadores capacitados tampoco bastan si no logran encontrarse. Una vacante que tarda meses en llenarse o un trabajador en un puesto que desaprovecha sus capacidades son también productividad perdida. Fortalecer la articulación entre las OMIL y el SENCE, integrar las bolsas de empleo públicas y privadas e incorporar nuevas herramientas que mejoren el calce entre vacantes y postulantes forman parte de esa agenda (CEP y CPC, 2026).

El mercado laboral enfrenta, entonces, un desafío que va más allá de recuperar la creación de empleo. Hoy, con una economía débil, una vara más alta para el empleo asalariado formal puede desembocar en más desempleo e inactividad. Mañana, con mayor crecimiento, esa misma brecha podría expresarse también en más trabajo por cuenta propia e informal.

Los subsidios a la contratación pueden ayudar a que algunos trabajadores alcancen transitoriamente la condición de formalidad. Pero no podemos subsidiar indefinidamente la distancia entre lo que cuesta contratar y lo que una relación laboral produce. La respuesta permanente para mitigar el riesgo de mayor informalidad es que más empresas y trabajadores puedan inclinar la balanza hacia el lado favorable de la contratación formal por sí mismos. Y eso dependerá, finalmente, de cuánto sean capaces de producir juntos.


Nota al pie

[1] Los autores agradecen los comentarios de Xiomara Kuwae, Sandra Quijada y Macarena Lescornez.

[2] Cálculos propios en base a datos del Índice Nominal de Costos Laborales del INE y la base de datos del Informe Anual de Productividad de 2025 realizado por la Comisión Nacional de Evaluación y Productividad (CNEP). Estos no incluyen 2026, ya que las cifras de productividad para este año aún no han sido publicadas.


Sobre los autores

Sebastián Izquierdo R. es ingeniero comercial con mención en Economía y magíster en Políticas Públicas de la Universidad de Chile. Actualmente se desempeña como investigador y coordinador académico del CEP, institución desde la cual participa en este documento. Asimismo, es vicepresidente del Consejo Fiscal Autónomo (CFA).

Roberto Cases es ingeniero comercial con mención en Economía y Magíster en Economía de la Universidad Católica. Formó parte del equipo económico de la Comisión Nacional de Evaluación y Productividad (CNEP). Actualmente es investigador del CEP y profesor del Instituto de Economía UC.

Rodrigo Vergara es ingeniero comercial de la Universidad Católica y doctor en Economía de la Universidad de Harvard. Fue presidente del Banco Central. Actualmente es investigador senior del CEP, profesor del Instituto de Economía UC y miembro de número de la Academia de Ciencias Sociales, Políticas y Morales del Instituto de Chile.

 

1. ¿Cómo el INE clasifica las ocupaciones según su formalidad?

La informalidad no significa exactamente lo mismo para todos los trabajadores. El INE distingue según su categoría ocupacional, es decir, la forma en que una persona trabaja.

En el caso de los trabajadores dependientes (asalariados y personal de servicio doméstico), una ocupación se considera informal cuando la persona no tiene acceso a cotizaciones de salud y previsión social a través de su vínculo laboral con el empleador.

En cambio, para los trabajadores por cuenta propia y los empleadores (es decir, los independientes), lo que importa no es su propia situación previsional sino la de su negocio: la ocupación es informal si la actividad o el negocio pertenece al sector informal. En términos simples, esto ocurre cuando el negocio no está registrado ante el Servicio de Impuestos Internos ni lleva una contabilidad que permita separar sus cuentas de las del hogar.

Finalmente, los familiares que trabajan sin recibir remuneración son considerados informales por definición.

Así, una empresa y sus trabajadores no necesariamente tienen la misma condición de formalidad, ya que una empresa del sector formal puede tener trabajadores informales. Esta es una distinción especialmente relevante para el argumento desarrollado en esta edición de Voces del CEP.

 

2. La creación de empleo asalariado formal se ha debilitado

El deterioro del empleo asalariado formal ha sido progresivo. Durante 2023 y buena parte de 2024, el número de asalariados formales todavía aumentaba respecto del año anterior. Desde 2025, sin embargo, ese crecimiento comenzó a perder fuerza y durante 2026 la variación anual pasó a terreno negativo: hoy existen menos asalariados formales que un año atrás.

 

(Puedes ver la figura en mayor detalle haciendo clic aquí)

 

El gráfico muestra, además, que este deterioro no ha sido idéntico entre empresas de distinto tamaño. Mientras en los años anteriores las empresas, especialmente las de mayor tamaño, contribuían positivamente a la creación de empleo formal, durante 2026 las contribuciones negativas se extienden a distintos tamaños de empresa. Esto es consistente con la hipótesis de que el espacio para crear empleos formales se ha ido estrechando, aunque la evolución del empleo asalariado formal por sí solo no permite determinar qué factores explican esa caída.


Bibliografía

Almeida, R., y Carneiro, P. (2009). Enforcement of labor regulation and firm size. Journal of comparative Economics, 37(1), 28-46.

Almeida, R., y Carneiro, P. (2012). Enforcement of labor regulation and informality. American Economic Journal: Applied Economics, 4(3), 64-89.

Bastidas, R., y Acosta, N. (2019). Misallocation and manufacturing TFP in Ecuador: formal, semi-formal and informal firms. Journal of Economic Structures, 8(1), 16.

Bobba, M., Flabbi, L., Levy, S., y Tejada, M. (2021). Labor market search, informality, and on-the-job human capital accumulation. Journal of Econometrics, 223(2), 433-453.

Cases, R., Kuwae, X. y Izquierdo, S. (2026). El empleo que no vuelve: la cicatriz que Chile no logra cerrar. Voces del CEP, N°31. Centro de Estudios Públicos, Santiago de Chile.

CEP y CPC. (2026). Agenda pro empleo para la urgencia laboral. Centro de Estudios Públicos y Confederación de la Producción y del Comercio, Santiago de Chile.

Cifuentes, C. (2024). Informalidad laboral en Chile: determinantes, costos y propuestas. CLAPES UC, Santiago de Chile.

La Porta, R., y Shleifer, A. (2014). Informality and development. Journal of economic perspectives, 28(3), 109-126.

Meghir, C., Narita, R., y Robin, J. M. (2015). Wages and informality in developing countries. American Economic Review, 105(4), 1509-1546.

OCDE. (2024). Evaluación de competencias de la población adulta 2023: Chile. OCDE, París.

Perry, G., Maloney, W. F., Arias, O. S., Fajnzylber, P., Mason, A. D., y Chanduvi, J. S. (2007). Informality: Exit and exclusion (Vol. 6730). Washington, DC: World Bank.

Ulyssea, G. (2018). Firms, informality, and development: Theory and evidence from Brazil. American Economic Review, 108(8), 2015-2047.

Ulyssea, G. (2020). Informality: Causes and consequences for development. Annual Review of Economics, 12(1), 525-546.

Ulyssea, G., Bobba, M., Gadenne, L. y Harari, M. (2025). Informality. VoxDevLit, 6 (2). Disponible en: https://voxdev.org/voxdevlit/informality-issue-2/introduction-informality.


Leer más

– Informe: “Agenda pro empleo para la urgencia laboral”.

– Opinión: “Informalidad y desempleo: síntomas de un mismo diagnóstico”.

– Opinión: “Hagámonos cargo de la informalidad”.

– Punto de referencia: “Entrada y salida al empleo: una caracterización para el período pre y postpandemia”.

– Punto de referencia: “Trabajadores informales: ¿Qué sabemos de su bienestar social?”.

– Voces del CEP: “El empleo que no vuelve: la cicatriz que Chile no logra cerrar”.

En esta edición de Voces del CEP, te recomendamos disfrutar de los siguientes seminarios que ya están en nuestra web y YouTube:

Te recordamos que puedes mantenerte informado de nuestra agenda aquí o mandarnos un mensaje a nuestro canal en Whatsapp (+56958989491) para recibir todas las actualizaciones.

Si quieres recibir este boletín en tu mail suscríbete aquí.